No es mi propósito extenderme acerca de lo que eran mis preferencias de sentido de voto en el referendum celebrado en Cataluña. Entre otras razones, porque es conocida mi participación en actos de la Plataforma por el Derecho a Decidir. Me interesa más incidir en algunos aspectos de lo que ha rodeado a la gestación del texto votado y de los resultados del referendum, en el que la gran perdedora ha sido, sin lugar a dudas, la institución que representa al pueblo catalán, el Parlament de Catalunya.
No creo que se trate de una afirmación exagerada. No solamente porque el texto aprobado por el Parlament y el votado el 18 de Junio no se parezcan casi nada en las cuestiones fundamentales, sino porque ya se encargó el propio presidente de la Comisión Constitucional del Congreso de los Diputados de Madrid, el ínclito Alfonso Guerra, de decir aquello de “para qué nos vamos a nadar con eufemismos, nos cepillamos por arriba y por abajo el texto que trajeron del Parlamento catalán”
Lo referido al texto y al procedimiento formal, es ya historia. Puesto que se ha aprobado un determinado texto, es obligado reconocer que los catalanes y catalanas que se han acercado a las urnas, al menos por ahora, han aprobado de manera formal lo pactado por Rodríguez Zapatero y Artus Mas. Catalunya, si bien se podrá beneficiar de algunos avances en el autogobierno (hombre, solamente faltaba que no los hubiera habido) queda relegada a la pertenencia al pelotón de “autonomías de segunda”, puesto que, como recuerda el sociólogo Salvador Cardus, “el nuevo Estatuto consagra para Cataluña el antiguo modelo de relación autonómico, dependiente en última instancia de la decisión de los poderes estatales y, por lo tanto, de las correlaciones políticas del momento. Lo certificaba Zapatero en su aparición en campaña, prometiendo generosidad en su aplicación”. Se ha perdido la oportunidad de acometer una reforma federalizante del Estado, porque, además del inveterado centralismo que anida lo mismo en derechas que izquierdas españolas, esa reforma tenía importantísimas resistencias internas en el PSOE, y porque los socialistas, en general, han tenido un miedo atroz a que este proceso abierto en Catalunya, con el de Euskadi pendiente, les llevara a perder las próximas elecciones en el 2007 y el 2008.
Carod-Rovira, en una intervención que es de agradecer en un hombre público, reconocía la derrota la misma noche del 18 de Junio; “lo que hemos propuesto –decía Carod- ha sido derrotado, y tenemos que aceptarlo; trabajaremos para desarrollar el Estatuto que se ha aprobado, y comenzamos a trabajar desde hoy mismo para cambiar esta situación”. Por otro lado, y no como otros líderes, el Presidente de ERC hizo autocrítica y asumió su parte de responsabilidad en la altísima abstención registrada, afirmando que Esquerra haría su propia reflexión al respecto.
Porque los datos están ahí, para quien los quiera ver. La mitad de los llamados a las urnas no ejerció el voto. ¿Porqué esa abstención tan alta?
Creo que los catalanes y catalanas han querido mostrar su descontento con el proceso de elaboración del Estatut; eso quedó muy claro en la gran manifestación celebrada en Barcelona en 18 de Febrero. Pero muchos de los que aquel día salieron a la calle no se ha inclinado por el voto negativo. Por un lado, porque probablemente están muy descontentos con el escándalo que se ha armado entre los políticos, y, por otro, porque aun entendiendo las profundas diferencias de argumentación de las fuerzas políticas que pedían el no, serían muchísimos los que no se veían en las urnas con la misma papeleta que la del PP. Habrá que recordar, una vez más, que la abrumadora mayoría de los votantes no son militantes de partido alguno, cosa que se tiende a olvidar a menudo cuando se toman decisiones por parte de los partidos.
Es significativo también el porcentaje de voto nulo registrado (aquí en Euskadi casi nadie lo ha señalado, por no decir nadie). Ese voto, propugnado por una Plataforma, ha llegado hasta el 5,5%, nada desdeñable y que recoge probablemente algo de lo que acabamos de señalar.
Así las cosas, creo sinceramente que fue una gran equivocación el que las bases de ERC desautorizaran a su Ejecutiva, inclinándose por el “no”. Si hubieran elegido otra alternativa, no se hubiera perdido el respaldo de mucha gente que no se ve votando con la misma papeleta del PP; y si se hubieran pronunciado por la abstención (algo que no era tan indefendible, habiendo sido ERC la fuerza defensora, en solitario y durante 23 años, de un nuevo Estatut, y dado que el texto propuesto era el producto de un pacto Zapatero-Mas –a espaldas del PSC y de Maragall, y con desconocimiento reconocido públicamente de Durán i Lleida- que burlaba al Parlament de Catalunya), estaríamos ahora mismo en una situación política absolutamente diferente, con un Estatut formal y legalmente aprobado pero con un déficit de legitimidad innegable. Recordemos el recorrido que en el tiempo ha tenido la gran abstención registrada en el referendum de la Constitución en Euskadi y sus implicaciones de orden político, reconocidas incluso públicamente por dirigentes socialistas vascos.
Cataluña y el futuro próximo.
Queda por ver, por otra parte, cómo se desarrollará el Estatut. Zapatero dijo en el mitin de cierre de campaña que si salía el sí sería generoso. Todo un síntoma de cómo los políticos españoles siguen concibiendo el Estado. Y claro, habrá que recordar que fue en un mitin de campaña cuando dijo aquello de que respetaría lo aprobado por el Parlament de Catalunya. Habrá que esperar a los acontecimientos. “El peix al cove” dirán algunos, es decir, la pieza al zurrón, traducido libremente. Ahora bien, qué clase de pieza se han quedado los catalanes? O, como algunos pensamos, es que acaso merece la pena esa pieza?
De momento, el pacto Zapatero-Mas y la enorme presión de los medios del PSOE se ha llevado por delante a Maragall, un hombre del que se podrá opinar sobre sus aciertos y errores, pero que objetivamente es más nacionalista (o, para no herir susceptibilidades, digamos “nacionista”, como decía Joan Fuster) que Artur Mas, y ha significado un duro e injusto golpe para ERC un partido que luchó en solitario durante más de 20 años contra la dejadez convergente para cambiar de raiz el autogobierno catalán. Estoy convencido, más allá de lo sucedido el 18 de Junio, de que ERC volverá a tener un buen resultado en las urnas. Y creo que ese gobernanza socio-convergente que algunos auguran tan fácilmente (incluídos algunos jeltzales que de manera sorprendente cantan las bondades del nuevo Estatut), puede que no se produzca tan inexorablemente. Maragall ha recordado, tanto en su discurso de despedida, como tras su entrevista con Zapatero, que Cataluña está preparada para abrirse al futuro, sobre todo si no la vuelven a gobernar ahora quienes la gobernaron durante tantos años, y que no se debe dejar a esos mismos gestionar el nuevo Estatut. La palabra la tendrá ahora Montilla, que deberá elegir entre una legislatura más para seguir oxigenando la política catalana, o ceder a las prisiones de poderes fácticos, felipistas y medios de comunicación de PSOE, entre otros. Nos hemos pasado años y años con “ara no toca” de Pujol y los suyos. Pero, dicho sea con el mayor respeto, creo que “ara, torna a tocar”.

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