Hace falta ser muy generoso para ver en la nueva autovía que Zapatero anuncia entre León y La Robla, una alternativa a la autopista del Huerna. La geografía desmonta el argumento. En el mejor de los casos sólo les evitaría a los conductores asturianos el último tramo de pago, y eso a cambio del peaje que supone tener que recorrer 17 kilómetros por una carretera de tercera. O no hay geógrafos en el gobierno asturiano, o han preferido poner la pasión política por encima de la reflexión científica. A juicio del ejecutivo, este anuncio es un paso más hacia la gratuidad del enlace astur-castellano. El sueño de la razón produce sueños. Más realista, el socialista Fernando Lastra tiene claro que la nueva autovía cubre una demanda de los alcaldes del norte de León, pero nada tiene que ver con la eliminación del peaje. Servirá como mucho para que los leoneses vayan más cómodos a pasar el domingo a la piscina de La Robla, pero poco más. Cada día que pasa, la eliminación del peaje aparece más como lo que fue, un error de estrategia electoral. Ante el vendaval de promesas, primeras piedras e inauguraciones que puso en marcha el ministro de fomento, Alvarez Cascos, el PSOE se agarró a lo que pudo para censurarlo, y ese clavo ardiendo fue la prórroga del peaje del Huerna hasta 2050. Tanto se obcecó en sus denuncias que acabó prometiendo, sin que realmente nadie se lo pidiera, que lo eliminaría si llegaba a gobernar. Los votantes no nos leeremos los programas electorales, pero nos quedamos con las promesas más llamativas. No va a ser fácil que lo olvidemos.
Nacho Monserrat. Periodista.

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