El hermetismo está bien en la poesía, pero no en la política, de Lasha Otjmezuri en El Mundo
El autor critica a los países europeos que quieren complacer a Vladimir Putin en su intento de boicotear la entrada de los países de la antigua órbita soviética en la OTAN, y muestra su apoyo a la política exterior de Estados Unidos.
Hace unos días The Washington Post publicaba el artículo Crumbling before Putin (El desmoronamiento anterior a Putin), en el que el periodista Jackson Diehl comentaba la situación previa a la cumbre del G-8 en San Petersburgo. Diehl recordaba las quejas de Bruce Jackson -un gran impulsor de la entrada en la OTAN de países como Hungría y Polonia, que ahora defiende la integración en esa organización militar de otros estados como Ucrania y Georgia- sobre el bloqueo de la Vieja Europa a la iniciativa norteamericana de iniciar una relación más estrecha con los países de la antigua órbita soviética, ya que los países europeos no quieren herir a Putin.
No puedo evitar preguntarme por qué España adopta esta postura y permanece hermética y sorda hacia estos países de la antigua Unión Soviética ¿Por la situación similar que vivió cuando Francia bloqueaba su ingreso en la Comunidad Europea? Me refiero a la época en que la joven democracia española intentaba integrarse en el club europeo, pero sin éxito -Giscard d'Estaing y François Mitterrand estuvieron de acuerdo en afirmar que la entrada de España «traería la miseria» a Europa y a Francia en particular-. Ni el 23-F provocó un cambio en la actitud francesa. Después de esta experiencia ¿por qué España no apoya la integración en la OTAN de los países de la antigua URSS? ¿Por qué le hace el juego a Putin? Fue el presidente ruso quien anunció en su visita a España su hoja de ruta de colaboración con Hamas. Además, juega un papel muy ambiguo frente al programa nuclear de Irán. Y es él quien está creando su propio grupo de los Siete Magníficos en la Organización de la Cooperación de Shanghai (entre los que se incluye Irán). Por si esto fuera poco, vende armas a Chávez (aunque España también lo hace, incomodando a sus aliados, como EEUU).
En un libro que escribo sobre las fronteras de Europa junto con la ex ministra georgiana de Exteriores Salomé Zurabishvili para una editorial francesa, critico la política que Francia -considerada hoy la arquitecta de Europa- llevó a cabo contra España en su intento por integrarse en Europa, y uso como argumento una carta del recientemente desaparecido director del semanario L'Express Jean-François Revel, escrita en 1980. En aquella época, el sur de Francia era el santuario de los terroristas etarras. Revel se preguntaba si los franceses aceptarían que una organización terrorista que luchara por la independencia de Alsacia tuviera sus bases en Alemania, donde pudieran refugiarse después de los atentados. Cambiando el destinatario de la carta, me pregunto si los españoles creen que EEUU y Colombia aceptan la venta de armas de Madrid a Caracas.
Los Gobiernos de George Bush y Alvaro Uribe -quien intenta a combatir a los paramilitares narcotraficantes en su territorio, armados por Chávez- no necesitan a nadie que defienda su política exterior, pero ahora, cuando, según una encuesta publicada por la BBC hace unos días, EEUU es visto como la mayor amenaza para la paz mundial después de la invasión de Irak, ojalá que la palabra de un europeo minoritario también tenga algún peso.
Dostoyevski, un hombre muy creyente, escribió en su diario que si un día descubriera que la Verdad y Jesucristo están separados, él preferiría quedarse con Jesucristo. Modificando estas palabras, prefiero quedarme con Elena Bonner (la viuda de Andrei Sajarov), Vaclav Havel u otros disidentes -que han luchado contra el comunismo y hoy respaldan a Bush en su lucha por democratizar Oriente Próximo- que con la mayoría de los europeos que prefiere criticar a EEUU y su política exterior.
Y cambiando de nuevo las palabras de la pregunta de Revel, quiero preguntar a los españoles si esta Norteamérica que estuvo al lado de España en la crisis de Perejil y no apoyó a Marruecos, como hizo Francia, puede acusar a España de egoísmo. Del mismo egoísmo que todos los españoles, desde Adolfo Suárez hasta Felipe González, pasando por Fernando Morán y Raimundo Bassols, culpaban a los franceses.
Lo que nosotros, ucranianos, moldavos o georgianos estamos viviendo hoy -los cortes en los suministros energéticos-, los países bálticos lo vivieron hace 10 años. Esos países, con su cultura democrática admirable, superaron los obstáculos y ahora son miembros de la UE. Estoy convencido de que los lituanos o los estonios repiten hoy las palabras de Felipe González, quien refiriéndose al papel positivo jugado por los alemanes, y negativo por los franceses en la entrada de España en la UE decía que «es más fácil entenderse con el vecino del vecino que con el propio vecino». Y yo no quiero que nuestra próxima generación repita estas palabras refiriéndose a Europa.
En vez de hermetizarse, los europeos deben respaldar a su aliado trasatlántico en su empeño por democratizar los países de la antigua URSS. El hermetismo está bien en la poesía, pero no en la política. En poesía, puede alumbrar obras maestras, pero en política sólo puede engendrar egoísmos como el giscardazo o miopía como el mitterrandazo. España, junto a los países de la Vieja Europa, debe esforzarse para que los historiadores no inventen más neologismos.
Lasha Otjmezuri fue embajador de Georgia en España.
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