Los trabajadores encerrados en Menasa anuncian hoy en una rueda de prensa la prolongación de su calvario hasta el próximo martes, día en el que se celebrará una asamblea en Sama de Langreo con la presencia de los sindicatos, para acordar la posición que adoptarán, que será poner fin a su sufrimiento personal y el de sus familias -que no es poco-, a punto de cumplirse un año de una situación que si algo significa, es una derrota en toda regla de una manera de entender el trabajo, la vida y los negocios, que sucumbe ante la presión del ambiente.
La aparición en la prensa del empresario langreano Recesvinto Velasco, y su posterior comparecencia en el ayuntamiento de Langreo, exigiendo en todo momento que se aclarase lo que sucedió con el aval concedido por la consejería de Industria del Principado de Asturias a los gestores de la empresa, acusados por los trabajadores y por los accionistas minoritarios, de utilizar ese dinero para desviarlo, pone en evidencia la práctica cotidiana de artimañas, que no pueden ser denominadas empresariales, sino puras y duras trampas que se instalan en el mundo del delito societario.
Si algún organismo independiente hiciese un análisis de lo sucedido en los últimos diez años en el mundo empresarial asturiano, por culpa de la irrupción de dinero público inyectado sin control en las empresas, a través de ciertos despachos que luego se introducen en la gestión, se comprobaría cómo ese dinero se destina, una y otra vez, a operaciones que estúpida e inmerecidamente suelen denominarse de ingeniería financiera, pues en realidad responden a una mecánica de hurto puro y duro.
Recientemente se celebró en Oviedo el juicio contra los administradores judiciales de la quiebra de la sociedad Chocolates Asturianos, cuya sentencia mantenemos colgada en la sección Documentos, pues se trata de todo un exponente y un compendio de la falta de voluntad o de la imposibilidad técnica de los tribunales, para reprimir los comportamientos fraudulentos de los administradores públicos, aunque se reconozca el fraude de dichos comportamientos, como sucedió en este caso, en el que se absolvió a los acusados, a sabiendas de que se había violado el derecho de los trabajadores a percibir sus haberes, quizá desde la conciencia judicial de que los verdaderos promotores de la posible estafa (pues esa era una de las conclusiones de la sentencia, que podía tratarse de una posible estafa) no estaban sentados en el banquillo.
Los despachos que una y otra vez planean sobre este tipo de situaciones de crisis laboral, suelen tener, casi siempre, una relación directa con la política, pues o bien tienen socios en la sombra que participan en política, e incluso ostentan cargos públicos, o bien mantienen relaciones promiscuas con los representantes públicos, gestionando las ayudas y las participaciones de la administración en la creación y reflotamiento teóricos de empresas, que acaban una y otra vez en la quiebra, mientras el dinero de todos se utiliza para cualquier cosa, menos para el fin teóricamente pretendido: la creación de riqueza pública y de puestos de trabajo.
La actuación de la consejería de Industria en el Caso Menasa, es todo menos creible. En ningún momento se ha aclarado el destino del aval concedido a la empresa vasca Funcasa. Parece evidente que durante mucho tiempo, la empresa vasca estuvo comprando a Menasa sus productos a un precio por debajo de su coste, que luego vendía con beneficios desde su propia factoría. Cuando llegó la crisis, la titular de la mayoría de las acciones de la sociedad, ya se había deshecho de las mismas, dejando a la sociedad Binertron (creada ex profeso) al frente del naufragio, sin capital ni posibilidades de tenerlo, para hacer frente a sus responsabilidades.
De esta manera se desvió el dinero del Principado de Asturias, se burló a los accionistas minoritarios y su humilló y ofendió a los trabajadores de la compañía.
Ahora se dice que la empresa navarra Triman, que tiene una factoría en Mieres y de la que se rumorea que pretende crear otra fundición nueva -con fondos mineros o lo que sea menester- en el polígono de La Moral, también en Langreo, con una inversión de doce millones de euros (habría que ver de dónde van a salir), no pudo comprar Menasa porque doce accionistas minoritarios que apenas sí reunían entre todos ellos un porcentaje siginificativo de las acciones, se negaron a vendérselas. Pueden decir lo que quieran; la historia carece de credibilidad. Anteriormente, la consejería había llevado de visita a Lada un despacho de abogados disfrazado de empresa compradora. Esta vez, la empresa Triman le hizo un gran favor a la consejería, permitiéndole lavarse la cara públicamente, gracias a la inexistencia de medios de comunicación que investiguen y relaten públicamente los pormenores de estos atropellos cotidianos.
Desguazar Menasa judicialmente mediante el sempiterno procedimiento de quiebra, volverá a dar significativos beneficios a los de siempre, que ya planean en vuelo rasante sobre el solar, mientras que la creación por Triman de una nueva factoría, será la justificación para que se pongan en juego otra vez importatísimas cantidades de dinero público. Mientras tanto, otra fábrica asturiana, con una plantilla significativa, muere en medio de la impotencia más absoluta de trabajadores y vecinos. Para las personas normales estos procesos son incomprensibles, y no precisamente, porque sean oscuros o complicados, pues las argucias empleadas para embolsarse el dinero ajeno, son bastante simples en el fondo, pero ¿a quién le importa eso?

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