La Coctelera

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23 Junio 2006

La crisis del Gobierno, de las Pesquisas de Marcello en Estrella Digital

Las cosas van muy deprisa, un día se aprueba el Estatuto por los pelos, la semana que viene se autorizará la negociación con ETA, en pocas semanas se reunirá el PSOE con Batasuna, el ministro Montilla hará las maletas y se irá a Cataluña a preparar su campaña electoral, y en medio de todo este circuito por el que Zapatero circula a gran velocidad y con riesgo de perder todos los puntos de su carnet de conducir aparecerá cuando menos lo pensemos la crisis del Gobierno.

Una crisis que se va a cerrar en dos tiempos y que ya tuvo su primera parte cuando al ministro Bono le dieron la papela y le pusieron de acompañante a la titular de Educación San Segundo, justo al día siguiente de aprobarse su ley, porque a Zapatero las cosas mal hechas le enfadan mucho y en seguida toma represalias. Lo de Bono estaba cantado, era la disidencia abierta sobre el proyecto de fondo de Zapatero unida a su folclorismo populista y a los problemas que surgieron en el ámbito militar contra los Estatutos y la negociación con ETA, porque los generales, de tanto oír las arengas patrióticas de Bono, se animaron ellos también y se creó el problema con algunos mandos en activo y en la reserva.

Zapatero ha descubierto la oportunidad de mandar de embajadores a los dirigentes del PSOE que le crean problemas o que son de la generación felipista. A Bono dicen que le ofreció la Embajada de Washington, de la misma manera que a Paco Vázquez le ofreció la del Vaticano. Ahora a Maragall cuentan que le han ofrecido París, cosa que ha rechazado el presidente por dignidad y que tiene ya un precedente en Joan Raventós, otro ex líder del PSC que estuvo en la Embajada del París.

A lo mejor, la próxima oferta de una embajada importante se la hace Zapatero a Moratinos para que deje paso en el Ministerio de Exteriores a un nuevo titular, que en este caso podría ser Trinidad Jiménez, que ya tiene responsabilidades en política internacional en el PSOE.

Otro cambio posible y esperado es el del vicepresidente económico, porque Solbes está muy cansado, le duele la espalda de tanto calentar el sillón del Ministerio haciendo de bombero de sus colegas de gabinete, y le duele la cabeza por culpa de las intrigas que Miguel Sebastián no para de organizarle desde la Moncloa en empresas y bancos, aunque Solbes ha conseguido situar a Fernández Ordóñez en el Banco Central.

El ministro de Justicia podría ser catapultado hacia Canarias para convertirlo en candidato del PSOE a la presidencia de dicha comunidad autónoma y darle así el sillón de ministro de Justicia a Conde-Pumpido, que es en realidad el hombre de confianza del presidente en la negociación con ETA y el que manda en la justicia con autoridad. En Interior podría seguir Rubalcaba si mejora su salud, porque vemos al ministro con muy mala cara y ese departamento necesita muchas energías, sobre todo en vísperas de la segunda parte de la negociación con ETA.

Por supuesto, la vicepresidenta Fernández de la Vega seguirá donde está y ya veremos qué pasa con Caldera, porque hay noticias de que no se entiende bien con el presidente, que está muy enfadado con él por lo de la emigración. Sin embargo, el que tiene todas las papeletas para marcharse a su casa es Jordi Sevilla, que ha fracasado en su proyecto de coordinación autonómica y de la gran administración, y ya veremos quién le sustituye a él y al que ha sido su gran antagonista en los dos pasados años, el ministro Montilla.

Que a la ministra de Cultura hay que echarla por analfabeta eso es una realidad que no hace falta ni discutirla. Así como tampoco sobre la ministra Trujillo y el propio Ministerio de Vivienda, que ha demostrado su inutilidad.

La ministra de Agricultura tampoco existe, motivo por el cual debería ser sustituida por alguien más visible, mientras que la de Sanidad parece bien situada porque la protege De la Vega aunque nos ha prohibido fumar. La de Medio Ambiente es de otra generación y eso le puede afectar. Pero lo que parece claro es que el presidente debería provocar un terremoto en este Gobierno por muchísimos motivos, y sobre todo porque pasado el ecuador del Estatuto catalán se inicia un tiempo nuevo no exento de tensiones y especialmente el presidente puede estar considerando ya un urgente calendario electoral al que llegaría con unos ministros nuevos y no con los hoy desgastados y en muchos de los casos con muy malas notas de popularidad.

La crisis del Gobierno está en ciernes, puede llegar en unas horas, en unos días, en unos meses, pero en todo caso antes de las elecciones catalanas se va a visualizar.

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