No me baso en la menor información, dato o confidencia. Pero mi nariz me dice, sin sombra de duda, que han echado a Maragall de la Generalitat. ¿Quiénes? Los suyos. ¿Por qué? Por imprevisible, por indisciplinado, por ir a la suya. Porque, a pesar de ser el mejor cabeza de cartel, estorbaba a los socialistas que tienen planes, a los que, habiendo trazado una carta de ruta para los próximos años, están dispuestos a encajar las variaciones o virajes imprevistos del contrincante, pero de ningún modo pueden aceptar quiebros a cargo de su jefe. En definitiva, han puesto de patitas en la calle al president porque actúa como si tuviera la cabeza en las nubes. Ahora, bien, no tengo respuesta a la pregunta del millón. ¿Cómo se las han arreglado para echarle si no disponían de las palancas adecuadas para arrojarlo barranco abajo? Ah, señores, gran misterio. En el fondo del empujón socialista a Maragall, es posible que anide un error de cálculo, o una tozudería personal. No hay quién dude de que lo conveniente hubiera sido un tándem Maragall-Montilla, inmejorable cosechadora de votos, para luego dejar a Maragall en el avión de Florida sin billete de vuelta. Ya lo escribí, pero no como previsión sino como conjuro, porque una cosa de esas degradaría más de la cuenta la política catalana. Parece ser que la mayor dificultad para el tándem consistiría en la incompatibilidad personal entre ambos dirigentes, de sobras manifiesta. Pero no juzgo esta razón como suficiente: cuando la conveniencia aprieta, aun odiándose, los políticos se vuelven compañeros de cama. Aquí hay por lo tanto otro gato encerrado. Y ya van dos. No tengo pruebas, pero tampoco abrigo la menor duda de que Zapatero prometió a Mas que echaría a Maragall. Así se lo comunicó al president, el pasado mes de octubre. Ahora bien, ¿estaba en condiciones Zapatero de dar el empujón a Maragall? Es más, ¿le convenía al propio Zapatero cumplir su promesa secreta, cuando en efecto se encamina hacia una mayoría por lo menos suficiente? No conozco el grado de entreguismo de Mas, aunque va batiendo récords. Pero si Zapatero cumple, no será por devolver favores sino porque le conviene. ¿Le conviene al PSOE o a su líder mermar las posibilidades electorales de los socialistas catalanes en las autonómicas? No, no, y no. Misterio sobre misterio en forma de barrotes de jaula con gato encerrado.¿Por qué no opto entonces por lo más sencillo, creerme a Maragall, concluir que se ha ido porque es buen chico y tal? Porque entre las pocas cosas que sé de política, hay dos que no fallan, y menos ahora y aquí: primera, que se sube por las escaleras y se sale por la ventana; segunda, nadie abandona el poder por su propio y magnánimo pie. Que le han echado, vaya. Que ha recibido un empujón y de bruces a la calle. Ya se verá cómo y por qué pero no duden que le han echado. Fijo.
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