La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

21 Junio 2006

Política en campaña, de Baltasar Porcel en La Vanguardia

Es evidente que la inmensa mayoría de quienes han votado el Estatut o se han abstenido desconoce su texto. Han actuado como lo han hecho, pues, por cuestiones políticas o partidistas, por sugestión ambiental. Pero se equivocaría quien creyera que esto significa que el Estatut no interesa nada o que apenas importa. Mejor dicho, la reglamentación estatuaria como tal, desde su aspiración nacional a cualquier atribución, podrá no despertar curiosidad o excitar mucho, pero como vehículo funcional que debe servir los intereses del ciudadano reviste una importancia capital.

Ocurre parecido con los políticos, cuyo desprestigio no proviene de sus discursos o ideología sino de su ineficacia mayor o menor, de las prebendas que se arrogan. O que así es percibido. Cuando Mas dijo que si accedía al poder suprimiría los impuestos de sucesión, por ejemplo, despertó una viva curiosidad en una serie de personas, las que se sienten afectadas.

Los temas clave para la ciudadanía consisten en el paro, la inseguridad ciudadana, los contratos laborales basura, la falta de guarderías y de residencias para ancianos, el difícil acceso a la vivienda, las hipotecas... ¿Hablan los políticos de ello? Poco o sólo emitiendo vaguedades. ¿Solucionan algo? Sólo en contadas ocasiones. ¿Tienen potestad para hacerlo? A veces... Y vayamos al Estatut: ¿en qué influirá en solventar las preocupaciones del pueblo? Éste es o sería el Estatut - el fruto del Estatut- que interesaría. Y ahí pende un agravante: escasas son las personas que, incluso estando descontentas con la Administración centralista española, creen que la catalana les haya ido mejor, sea por torpeza, falta de atribuciones o engreimiento. Y que fuera corregido sería la única función estatuaria que les importaría. Ahí es donde en el Govern ha obtenido cierto prestigio o suscitado inquina IC-V, pues procuró concretar pragmáticamente su programa, aparte de proferir los tópicos de rigor. Si los empresarios, mucho catalanismo, sectores católicos, se han fastidiado con el Govern triangular ha sido por la expresión real de sus propósitos o despropósitos, no por sus discursos, fastos o ideologías.

Ahora llegarán elecciones. La fe en el nuevo Estatut es incluso menor que los síes que ha cosechado. Yno porque fuera cepillado,que decía Guerra, sino por lo que en teoría contiene y ofrece y haya sido o no recortado, cuya traducción práctica y buen gobierno es lo que el ciudadano desea y lo que al fin constituirá su imagen de política en Catalunya. Pero si los políticos en campaña sólo se ocupan de ellos mismos y de sus seguidores politizados, la política catalana fracasará.

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