Hay quienes apelan a la necesidad de "remar juntos", mirando a gobernantes, jueces y policías. Y no poner "palos en la rueda". O no obstaculizar el "proceso". Eso se dice mirando a partidos políticos no directamente implicados en los futuros tratos con ETA y Batasuna. Puede que también consideren inoportuna la celebración del juicio contra los etarras Javier García Gaztelu, alias ‘Txapote’ e Irantzu Gallastegui, alias ‘Amaia’, que se sientan en el banquillo por el asesinato del concejal del PP, Miguel Ángel Blanco, en julio de 1997.
Responde a la misma lógica sentirse contrariado por el eventual encarcelamiento de un "interlocutor necesario", la prohibición judicial de una marcha convocada por Batasuna o la celebración de este juicio. No es un juicio más. De ahí las manifestaciones públicas de numerosos grupos de personas a las puertas de la Audiencia Nacional. En recuerdo del ‘espíritu de Ermua’ -el hasta aquí hemos llegado de una opinión pública horrorizada-, contra el acercamiento del Gobierno a ETA y en solidaridad con la familia del concejal asesinado.
Sin embargo, a otros nos parece de lo más oportuno que el recuerdo de las dramáticas jornadas que helaron la sangre a los españoles en pleno verano colisione en la agenda del Gobierno con las vísperas de sus "conversaciones" con la banda terrorista. De lo más oportuno. Absolutamente indicada esta dosis de recuerdo.
Hace nueve años los españoles arrinconaron a ETA en un impresionante testimonio de compasión multitudinaria, tras la vileza cometida por ese tal ‘Txapote’. Ese animalito que se burla de nosotros a la hora del telediario -ayer, no tanto- es uno de ellos, un socio distinguido de la secta con la que el Gobierno se va a jugar los cuartos en nuestro nombre. Es muy útil no olvidarlo.
Alguien en nuestro nombre debería canalizar la indignación del ciudadano perplejo ante la chulería del hombre que disparó en frío a la cabeza de Miguel Ángel Blanco. O, al menos, explicarla, porque algo falla. Hay algo anómalo en el hecho de que el matonismo, la chulería, las risas y los gestos desafiantes de García Gaztelu ante los jueces y los propios familiares del joven concejal, deban aceptarse como algo inevitable en el curso de un juicio público con todas las garantías para el reo.
Queda el problema de las coincidencias en la agenda de Zapatero. En Madrid, el juicio por el asesinato de Miguel Ángel Blanco nos hace evocar el ‘espíritu de Ermua’ y en Barcelona rememoran el asesinato múltiple en Hipercor, mientras el Gobierno anuncia que la semana que viene comunicará al Parlamento el inicio de conversaciones con la banda terrorista, sin que conste su "clara voluntad" de poner fin definitivamente a la violencia.
Gana terreno la sensación de que están crecidas las gentes de ese mundo que Moncloa y los nacionalistas llaman ‘izquierda abertzale’, pero José Blanco, dirigente del PSOE, anuncia que el "proceso de paz" seguirá adelante "con el PP o sin el PP", mientras que Mariano Rajoy se limita a pedir que el Gobierno reflexione. Continuará.

No hay pensamiento político, social, ideológico que admita que reirse delante de los familiares y deudos de un asesinado, por parte del asesino sea algo aceptable.
El resto es solo condigno de este pensamiento , quien se rie delante de los padres, la hermana es un asesino genocida, lo haría sin duda.