Ha debido de desecarse, el oasis. O resulta que, en vez de agua reconfortante, lo que allí había era vino peleón y la clase política de la nostra aimada Catalunya se ha puesto ciega perdida. Relaciona uno en Google los conceptos insulto,Estatut y Catalunya,y la búsqueda en el ciberespacio proporciona 204.000 entradas, que se dice pronto. El recurso al insulto ha sido cansino en esta campaña electoral, con improperios escupidos por líderes presuntamente respetables desde sus púlpitos o por hatajos de energúmenos desde la calle.
Pero lo más chocante quizás sea que los insultos utilizados, más que ofensas obvias, han consistido, en muchos casos, en descripciones casi perfectas, en llamar a las cosas por su nombre. Fíjense en ello. Se utiliza como insulto "nacionalista" para ofender a quien, curiosamente, lo es. Se le grita a la cara despectivamente "pepero" a un señor votante del PP y, por tanto, pepero. En Girona contó Zapatero que lo quisieron ofender llamándole "rojo", que lo es y a mucha honra. Hasta se ha oído como insulto lo de "catalán", y en ningún caso para agraviar a un cuchillero de Albacete, sino para herir pretendidamente a ciudadanos catalanes.
Aunque el súmmum del insulto de carácter descriptivo, heredero casi casi del periodismo de Josep Pla, quizá sea lo que en Girona le dijeron a Arcadi Espada, según sus propias palabras: "bilingüe" e "intelectual". Lo de intelectual como insulto da para mucho - igual que lo de "burgués", tan recurrido en los setenta-, pero puedo asegurarles que conozco a más de diez que, en caso de que alguien les gritara "intelectual", no cabrían en sí de gozo. Lo próximo ya será que te insulten llamándote "políglota", que suena más contundente, y hasta más feo.
Pero todo ello es sintomático. Que para insultar a un votante de ERC, por ejemplo, lo mejor que se te ocurra sea llamarle "nacionalista" sólo puede significar dos cosas.
O bien tu vocabulario es escaso, casi nulo, o bien lo de ser "nacionalista" es, a tu entender, mucho peor que ser un fantoche, un cagajón o un cachopenco.
Y lo mismo sucede a la inversa (cuando a alguien le llamas "pepero", por ejemplo), lo que serviría para constatar que, a estas alturas de la civilización, en estos lares hemos regresado al desprecio más absoluto por el adversario político, hasta el punto de que lo mejor que se nos ocurre para insultarnos es decirnos lo que somos, porque lo que representa el contrario es lo peor que se puede llegar a ser en el mundo.
La excepción a todo lo dicho la representaría el multiusos facha o fascista,que por misterios de la vida lo mismo vale para un roto que para un descosido, lo mismo para el que agrede como para el que ha sido agredido.
Vivir para ver.
Termino con Carod-Rovira, quien esta misma semana, entrevistado en Catalunya Ràdio, afirmó que lo de servirse del insulto y la violencia es poco del estilo catalán. Ya estamos. Ni que sucediera en los tiempos de María Castaña: ¿ustedes han oído hablar de los almogávares? Pues eso, que eran pacifistas catalanes.

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