La culpa de que la boda de Felipe y Letizia no saliera como estaba prevista no la tuvo sólo la lluvia. Lo que acabó de estropearla fue la actitud de tres invitados reales quienes, más que como príncipes se comportaron como lo que son: matones de taberna, borrachos, chulos y pendencieros, hasta llegar a las manos. Sin respeto ni a los novios, pero sobre todo, al anfitrión, el Rey Juan Carlos quien, ante el espectáculo, dado por sus primos, exclamó, con tristeza: ¡¡¡Nunca más!!!
Estos fueron Ernesto de Hannover, cuya borrachera le impidió asistir a la ceremonia en la catedral de La Almudena, pero, sobre todo, los príncipes Amadeo de Aosta y Víctor Manuel de Saboya quienes, decidieron dirimir, a puñetazos, en el propio Palacio de la Zarzuela y, en presencia del Rey y de los invitados reales, sus problemas dinásticos por un inexistente trono de la felizmente desaparecida monarquía italiana, sustituida desde 1947 por la República.
En aquellos desagradables momentos se temió que, el jefe de la casa de Saboya, tirara de pistola como hizo el 18 de agosto de 1978, en Córcega, al disparar contra un joven alemán propietario de un yate atracado junto al suyo porque la música le molestaba.
Para el Rey Juan Carlos la noticia de la detención de Víctor Manuel, acusado de tan vergonzosos delitos, ha debido conmocionarle profundamente. No en vano han sido, desde niños (tienen la misma edad, 68 años) más que amigos, como hermanos. No hay que olvidar que las familias, del ex rey de Italia y del Conde de Barcelona, compartieron, a lo largo de décadas, el exilio portugués. Don Juan, en Villa Giralda en Estoril; Humberto, en Villa Itálica, en Cascais, junto a la ex reina Juana de Bulgaria, madre de Simeón y hermana del ex rey de Italia.
Las familias Saboya y Borbón, ambas en expectación de destino profesional incierto, se consolaban viendo crecer a sus hijos: cuatro, el ex rey Humberto y cuatro el Conde de Barcelona. Ambos vieron, con satisfacción, que María Gabriela y Juanito se enamoraban. Ambos habían nacido en Italia. El hoy Rey de España en Roma, en 1938; María Gabriela, en Nápoles, en 1940. Los dos eran altos, rubios, de ojos azules y católicos. Y con las mismas aficiones, la equitación, la caza y los coches. Era el primer amor de la Saboya y del Borbón. Amor que hubiera terminado en boda de no haber sido por la trágica muerte del infante Alfonso, en 1956 y, sobre todo, por la oposición del general Franco. La princesa italiana no le convencía. El Príncipe rompió el noviazgo en 1961. Juanito no tenía intención de desobedecer y, se sometió sin rebelarse. Pero, mucho después de haberse casado con Sofía, reconoció: «Hubiera podido, es verdad, casarme con María Gabriela» (Françoise Laot).
Mientras tanto, Víctor Manuel, se buscaba la vida como podía. Sentimentalmente se enamoró de Marina Doria. Pero, por no ser la joven de familia real, la relación continuó con la oposición del ex rey Humberto aunque las posibilidades de recobrar el trono de Italia eran nulas. Víctor Manuel y Marina decidieron vivir en pareja hasta 1971. Se casaron en Teherán, en vísperas de la coronación del Sha para quien trabajaba y de quien vivía. Yo fui testigo de aquella boda. Por entonces su padre, el rey Humberto, le había retirado el título de príncipe de Piamonte, que llevan los herederos, concediéndole tan sólo el de príncipe de Nápoles.
La familia Saboya no ha sido, lo que se dice, una familia feliz. María Pía, la mayor de los hermanos de Víctor Manuel, se casó con el príncipe Alejandro de Yugoslavia que, como todos los matrimonios de las hijas del ex rey de Italia, terminó como el rosario de la Aurora; María Gabriela, corrió la misma suerte al casarse con el millonario Robert Balcany; María Beatriz, después de una juventud llena de escándalos sentimentales -de los que mucho nos podía hablar Victoriano Valencia, con quien mantuvo un tórrido romance, en la época en la que el torero era un hombre soltero-, acabó contrayendo matrimonio con Luis Reyna quien trabajaba para el Sha en el exilio de Cuernavaca. Reyna fue asesinado en México después de que su hijo varón se suicidara en una universidad norteamericana en la que cursaba estudios.
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