Hablando del referéndum cité al novelista norteamericano y judío militante Philip Roth. Hoy será a la inversa, hablaremos de literatura a propósito de la política, a la gente le gusta tanto o más leer que acercarse a las urnas, lo prueban los muchísimos libros que se venden y no sólo best sellers. Éstos dan una falsa visión de lo que ocurre, una charanga del bombo y platillo no es la Sinfónica de Londres por ruido que meta. Y un buen político es el más eficaz y no el más demagogo.

La novela de Roth que cité, La conjura contra América (Mondadori), aún la leo y es de política ficción, género que a temporadas recobra. Su argumento es espectacular: en 1940 Charles Lindbergh, el famoso aviador que en 1926 había realizado el primer vuelo a través del Atlántico, gana la presidencia de Estados Unidos batiendo a F. D. Roosevelt... y resulta que es un nazi y pliega el país a la doctrina de Mein Kamp.¿Cómo acabará la novela? E ignoro si Lindbergh era antisemita, Roth dice que Goering lo condecoró. Sería como si Pujol una vez en la Generalitat se hubiera destapado de Falange Española y nombrado consellera en cap a Carmen Polo.

La política ficción es útil, incita al inteligente a preguntarse algo esencial: ¿y si votando eso, voy a parar a eso otro? Roth es un gran escritor que se nutre de lo visceral, racial, social, histórico, cultural; podría ser un gran novelista decimonónico, lo que en principio es una virtud... si el autor es poderoso. Así como la experimentación apasiona si la pergeña un creador y no la tropa de zoquetes que se creen al loro. Aunque a veces a Roth lo lastra la rigidez del esquema. Pero este libro aquí fue muy bien tratado por la crítica, ¿sería por su calidad o por el alegato progre? Somos muy viejos verdes ideológicos...

También la crítica ha dicho maravillas de la última novela de P. D. James, El faro (Bruguera), pero es premiosa e inerte, un remedo que la autora hace de sí misma cuando en lo policiaco ha sido la gran atmosférica.Y es tan así, que ahora resuelve los crímenes por arte de bilibirloque, sin razones, fulminando la esencia del género: "Y de pronto, sin ninguna sensación de revelación y sin júbilo, pero con una certeza absoluta, vio la respuesta al enigma, etcétera".

Jauja, vamos. Además, el libro tiene fallos de corrección de estilo, del original o la traducción. Pero Roth y James son mejores que el exitoso Paul Auster, premiado ahora con el Príncipe de Asturias, que arranca sus novelas como vulgarizando a Kafka y las cierra a trompicones. Lo que ya denuncia algún crítico. Si los premios siguen degradándose, reconforta que cierta crítica siga exigiendo calidad.