Hay tanto en juego, que, aunque todo el mundo da por descontada la victoria del sí en el referéndum de hoy sobre el Estatut, no basta con eso para despejar todas las incógnitas que planean sobre la política catalana.
El presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, no puede permitirse conformarse sólo con un refrendo genérico de las urnas. Necesita que la participación sea más que aceptable y que la derrota del no sea contundente.
Tanto Maragall como la dirección del PSC están pendientes del resultado de esta noche para tomar una decisión que afectará al partido durante los próximos años: quién será el candidato socialista a la presidencia de la Generalitat en las elecciones autonómicas adelantadas que se celebrarán, previsiblemente, el próximo domingo 19 de noviembre. El referente para determinar hasta qué punto los resultados de hoy son buenos es el referéndum por el que se aprobó el Estatut aún vigente en septiembre de 1979. En aquella ocasión, la participación superó ligeramente el 60% y la victoria del sí fue por nada menos que el 88% de los votos.
Saben que el PP ha fijado una nota de corte para el nuevo Estatut.Aunque venza el sí, si la participación queda por debajo del 53%, el caballo de batalla de Mariano Rajoy y de los suyos va a ser la falta de legitimidad con la que se ha aprobado la reforma.El primero en escenificar la nueva estrategia del PP será el presidente del partido en Cataluña, Josep Piqué, que ya ha diseñado una campaña para las autonómicas centrada en la exigencia de la reforma del nuevo Estatut por su escaso apoyo popular. El de la baja participación es el único escenario en el que Piqué puede confiar para no ser la primera víctima de la enconada oposición de los populares al Estatut.
Maragall y el PSC son conscientes de que no pueden ni siquiera soñar con igualar las cifras de 1979. Pero, aunque partían con unas previsiones pesimistas, en los últimos días, los sondeos les permiten contemplar un escenario en el que la participación no quede demasiado lejos de la de 1979. Si el tiempo acompaña, según los estudios demoscópicos del Gabinete del president, la participación podría superar el 57%, a poco más de tres puntos de la de 1979.
Si el electorado acude hoy a las urnas como prevén los colaboradores de Maragall, el sí podría lograr un 75% de los sufragios, mientras que el no quedaría reducido a poco más del 21%. Con el agravante de que tanto el PP como Esquerra Republicana reivindicarán la movilización de los votantes que rechacen la reforma estatutaria.
Sólo en esas circunstancias, Maragall se vería completamente legitimado para volver a concurrir como candidato del PSC a la Generalitat, Si los resultados legitiman a Maragall para una nueva intentona de presidir la Generalitat, Montilla le acompañará como número dos de la lista. Con ese diseño, si quien gana las elecciones es Artur Mas, y necesita el apoyo de los socialistas catalanes, Maragall sería jubilado anticipadamente y Montilla se convertiría en conseller primer de un Gobierno catalán de coalición entre CiU y el PSC. Un escenario parecido al que prevé la dirección de los socialistas catalanes si los partidarios del sí se quedan en casa, y Maragall se ve obligado a retirarse de la carrera por la presidencia. En ese caso, Montilla sería el candidato.
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