Estas dos últimas semanas ha hecho mella en los medios de comunicación, y en las conversaciones particulares, una nueva idea: para ser feliz hay que estar solo; no es cierto, hay que estar soltero. Miento, ni eso, lo que hay que ser a partir de ahora es single - es decir soltero en inglés-, una nueva situación social que goza de todas las ventajas. El cambio de denominación es interesante, puesto que durante demasiado tiempo ser soltero ha sido un estigma social. Como siempre, más para las mujeres que para los hombres. Entre los hombres, se podía ser a la vez, solterón y aventurero, o interesante, o mujeriego o ambiguo o misterioso; en cambio, las mujeres eran sólo solteronas - a no ser que fueran famosas-; es decir, fracasadas, feas, no queridas por nadie.
La palabra inglesa no sólo interesa porque parece un concepto nuevo - aunque ya veremos si la realidad para la mayoría no sigue siendo la misma-, sino porque aporta exotismo, glamour - ahora habría que decir que es cool-e imagen de marca a un colectivo social creciente: el de los que no tienen pareja. Antiguamente, sólo los que no se habían casado - porque a nadie se le hubiese ocurrido hablar de una viuda como soltera-; ahora todos ellos, más los divorciados y separados sin nueva pareja, colectivo que aumenta año tras año. Antes y ahora más mujeres que hombres y mayoritariamente no solteros por vocación o elección, sino por circunstancias biográficas.
¿Por qué es tan apetecible ser single?Según el Segundo Salón Single celebrado en Barcelona, así hay más posibilidades de acudir a espectáculos, de hacer viajes interesantes, de comer exquisiteces, en definitiva de disfrutar de la vida, de pasarlo bien. Que nadie se confunda, y no quiero estropear la gracia del invento, pero no todos los solteros pueden ser single.Hay todavía una diferencia entre soltero y single.Ésta queda muy clara en las actividades del salón, aunque no forma parte de su eslogan: para ser single hay que tener dinero; quizás todos los solteros sí que tienen más tiempo, menos ataduras familiares y por tanto más posibilidad de hacer actividades - un eufemismo como otro cualquiera para evitar la palabra consumir-, pero no necesariamente tienen buena situación económica.
Pensemos en todas las mujeres separadas, divorciadas o viudas que podrían ser single - si quisieran- y no podrán. No les llega la pensión, a unas porque el marido o ex marido no cumple con su deber; a otras, porque el Estado, y es una suposición, considera que las viudas deberían enterrarse con el cónyuge, de otra manera no se entienden pensiones de viudedad tan míseras.
Aunque pasáramos por alto las diferencias económicas dentro del colectivo, el mismo salón muestra - hay muchas actividades organizadas en este sentido- la importancia que sigue teniendo encontrar pareja. No sólo para no estar solos - podríamos encontrar a mucha gente que tiene pareja, incluso que vive con ella, y está sola-, sino porque todavía pesa la tradición de tener pareja. Tanto social como individualmente. De ahí la dificultad de creerse uno mismo - y los que le rodean- que se ha pasado de ser soltero a single.
La publicidad tiene mucha fuerza, es cierto, pero más de puertas afuera que de puertas adentro. No es tan fácil cambiar los significados sociales, que evidentemente están evolucionando porque la realidad ha cambiado; aunque no al mismo ritmo que el cambio de denominación, puesto que éste viene dado por una estrategia pensada y planificada con el fin de explotar comercialmente un colectivo social creciente.

Escribe un comentario