Todo estaba previsto para que el gran protagonista del cierre de la campaña del referéndum sobre el Estatut José Luis Rodríguez Zapatero. Pero el penúltimo ejercicio de funambulismo político del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, le convirtió de nuevo en el blanco de todas las críticas y, por lo tanto, en el gran protagonista de la última jornada de la campaña del Estatut.

Era la tercera visita de Zapatero a Cataluña durante la campaña del Estatut y el resto de fuerzas políticas habían quemado sus naves hacía días. De hecho, el presidente del PP, Mariano Rajoy, que ha duplicado el número de intervenciones de Zapatero, se despidió el pasado miércoles de Cataluña. Los partidos nacionalistas, CiU y Esquerra, a pesar de que mantenían programados actos de cierre de campaña en Barcelona, no ofrecían celebraciones muy diferentes de las de los últimos días.

El president amaneció decidido a platear un serio desafío a la Junta Electoral Central (JEC), que ha venido complicando la campaña institucional del Govern al impedir que fomentara la participación.Maragall planteó el órdago claramente a primera hora de la mañana, poco después de ser amonestado por la JEC por un acto en el que todos los consellers pidieron el sí al Estatut.

Por eso el president anunció que, por la noche, a escasas horas del inicio de la jornada de reflexión, pensaba dirigir un discurso institucional a la ciudadanía precisamente para incentivar la participación. Los dos partidos que promueven el no al Estatut, el PP y Esquerra Republicana, presentaron inmediatamente sus recursos ante la JEC.

Pero Maragall había planteado la jugada para ganar en cualquier caso: si los jueces le impedían pronunciar su discurso, se podría presentar como la víctima del carácter inflexible de la JEC, obsesionada por intentar impedir el éxito del sí en el referéndum; si, finalmente, recibía autorización para dirigirse a la ciudadanía, no en calidad de dirigente del PSC, sino como presidente de la Generalitat, tendría patente de corso para protagonizar una poco inusual imagen electoral. Hay que remontarse al referéndum sobre el ingreso de España en la OTAN de 1984, cuando Felipe González, como presidente del Gobierno, fue entrevistado en Televisión Española por periodistas afines al PSOE la noche anterior a la consulta y pidió a la audiencia que acudiera a las urnas para votar sí o se «iba a casa».

Finalmente, la JEC resolvió, apenas media hora antes de la hora prevista para la comparecencia de Maragall, las 20.30 horas, sobre los recursos del PP y de ERC con un escueto comunicado en el que se negaba a pronunciarse sobre el «posible mensaje institucional» del president, porque no le «cabe ejercer la censura previa».

El discurso de Maragall se emitió por el circuito catalán de TVE, por TV3 y por las emisoras públicas de radio a la hora prevista.Pero la reunión de la JEC obligó a que el mitin conjunto de Zapatero, Maragall y el primer secretario del PSC y ministro de Industria, José Montilla, empezó con tres cuartos de hora de retraso. Un retraso que no pareció importar demasiado a las cerca de 5.000 personas entregadas a Zapatero que se habían congregado en el Pabellón de la Mar Bella, en el barrio barcelonés del Poblenou.

Sabedor de que la JEC había autorizado finalmente su comparecencia televisiva, Maragall complementó a Zapatero en el escenario con un entusiasta discurso a favor del sí, como si su propio futuro político dependiera del resultado del referéndum de mañana.

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