En el puerto de Vigo es posible comprar contenedores en desuso para convertirlos en viviendas, garajes o almacenes de fruta. Solo en una comunidad como Galicia, que ha hecho del feísmo seña de identidad de gran parte de su zona rural, es posible convertir contenedores en viviendas, garajes o almacenes. En los pueblos de Asturias hubo un tiempo en el que reinaba una laxitud semejante a la que padece Galicia. Aún pueden verse, medio enterradas por la maleza, las cajas de viejos camiones que terminaron su andadura alojando patatas, fesorias o madreñas. La ley regional del suelo impone construcciones rústicas en suelos rústicos. Los arquitectos se quejan de que tanta rusticidad coarta su creatividad, pero si la alternativa son los contenedores gallegos, me quedo con la legislación asturiana. Son los riesgos de la disparidad de leyes autonómicas en la que vivimos. Según el lado de la frontera, verás casas con muros de piedra y tejados de teja, o edificios con paredes de ladrillo y techos de uralita. Estéticamente la elección está clara, pero también es verdad que en el campo la necesidad obliga más que el buen gusto. Los vecinos de los pueblos asturianos que lindan con Lugo suelen sentirse muy orgullosos de su asturianía, pero también envidian de sus vecinos gallegos la alegría con la que pueden ampliar sus casas, hacerse tendejones o echar cemento en la antojana. Para ellos, la ley del suelo asturiana es una rémora que les impide progresar al ritmo de quienes viven más allá de la raya. Aún así, espero que los contenedores sigan prohibidos en Asturias, aunque se pinten de verde.

Nacho Monserrat. Periodista.