La Coctelera

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17 Junio 2006

¿Por qué no hablamos de lo que realmente debería importar a los asturianos?, del Editorial en El Comentario

Los datos que aporta hoy el diario La Nueva España, sobre la dependencia de la Seguridad Social por parte de nuestra población, deberían causar cierta alarma entre nuestros conciudadanos, cuando el plan en el que se está trabajando en el gobierno de famosa nación de naciones que nadie entiende, y de cuya organización nada se sabe, es que cada una de estas variopintas e innovadoras comunidades nacionales, agarre su vela por donde pueda. Incluso puede que haya algunos, como nostros, que tengamos que agarrarla por la llama, pues por mucho que nos emperremos en seguir siendo una región de España o una nacionalidad histórica del Estado español, por mucho que nos apuntemos a ser una nación federada de la confederación que ha de aglutinar la nación de naciones, e incluso aunque nos apuntemos a convertirnos en un estado independiente dentro de una monarquía sin territorio, y hasta otro estado libre asociado de una república transversal, el caso es, que en todas las hipótesis, vamos de puñetero cráneo.

El debate sobre el furo territorial de España se desarrolla en los territorios más ricos

Mientras en Cataluña llega la hora de la verdad, y los más optimistas ponen el acento en lo que se rectificó en el proyecto de nuevo Estatuto, los grandes discutidores de la cosa política en la prensa madrileña -que es la que influye y la que mayoritariamente nos manda nuestro amigo Plácido (que no se olvida de la catalana) para que nos ilustremos-, no parecen estar muy intranquilos por el sistema de financiación de las comunidades autónomas que acabe saliendo de este gallinero, por mucho que el proyecto catalán haga hicapié en el porcentaje de participación en el PIB de la comunidad, o en su dimensión demográfica, en el caso del modelo andaluz.

Y es que lo que preocupa más en Madrid, es todo lo que tiene que ver con la retórica de los principios nacionales, regionales, federales, estatales y todos los que tengan que ver con los abstrusos recovecos de la teoría política, por los que se preocupan los pueblos ricos, las economías boyantes y los ciudadanos de las comunidades prósperas, mientras que aquí vivimos con frenesí lo del carpe diem, en la tupida malla de grandes superficies creadas, para que los políticos que otorgan las licencias se embolsen una paguita para dinero de bolsillo, mientras los titulares de esos imaginativos engendros comerciales creados para saquear la economía familiar, hacen su agosto, y se llevan para donde sea las rentas públicas que la disuelta españolidad ha tenido a bien darnos durante los últimos diez años, como liquidación para nuestra contribución a la construcción de esa España que está a punto de firmar las capitulaciones matrimoniales estatutarias, antes de repartir los gananciales.

El debate de las identidades nos deja con los bolsillos vacíos

Los profesionales de la comunicación que residen en Madrid, que son los que dominan la opinión en el aburridísimo debate de las identidades, habitan en una comunidad que tiene uno de los PIB más elevados de Europa (algo así como el 17,5% del PIB nacional), con un 35% de la inversión estranjera total en el 2005, y seis millones de habitantes, frente a los siete millones que pueblan Cataluña y los ocho millones escasos de la comunidad andaluza. Tiene Madrid, por lo tanto, una participación en el PIB español que compite frontalmente con los orgullosos catalanes, y una población creciente y más que suficiente, como para que la combinación de ambos factores, conduzca inexorablemente, hacia un estado de opinión, por parte de los madrileños, nada contrario a las reformas propuestas por los andaluces, y muchísimo menos hacia las de los catalanes, a los que superan (o casi), en el ratio PIB población, ese indicador que tan orgullosos tiene a los botigers.

¿Quién se va a ocupar de nosotros? Evidentemente, poco importaremos a los demás, si nosotros nada nos importamos a nosotros mismos. La Nueva España está controlada por un grupo con sede en Barcelona; El Comercio, del grupo Vocento se mueve, como el Banco de Bilbao, entre la ría del Nevión y la Ribera del Manzanares, mientras que La Voz de Asturias vive la agonía catalana del Grupo Z desde el fallecimiento de Antonio Asensio, su creador. Por eso no es de extrañar que en las páginas de unos y de otros, nos encontremos columnistas de opinión, cuyos prototipos son los nunca bien ponderados hermanos Neira, dedicados un día sí, y otro también, a ocuparse de los grandes asuntos que inquietan a catalanes, vascos y madrileños, dejando abandonados su suerte a los mineros, a los trabajadores del naval, a los obreros de una fundición como Menasa, a los siderúrgicos que van a ver lo que valen los peines de Mordashov o a los ganaderos que no paran de perder cuota láctea total, porque cada día hay menos ganaderos.

las cuentas de la Seguridad Social en La Nueva España

Dice La Nueva España de hoy que las más recientes cuentas presentadas por la Secretaría General de la Seguridad Social, revelan que tenemos el más alto nivel de ingresos percibido por habitante, de toda España, procedentes de ese organismo, con 237 euros mensuales por cabeza. Hablamos de unos gastos en prestaciones que han aumentado un 5,8 por ciento en el último año, hasta alcanzar los 255,4 millones de euros mensuales. Dice la documentación que publica ese periódico, que el cociente entre el gasto y el número de habitantes es en el Principado un 59,4 por ciento superior al promedio de España que está en 148,83 euros, lo que significa, según advierten, que la posición asturiana es, como otras veces han subrayado los expertos, el reflejo de que el Principado tiene una mayor proporción de pensionistas y de que la cuantía media de las prestaciones es más elevada que en otras zonas, consecuencia del mayor peso del sector industrial, en el que las cotizaciones durante la vida laboral son más elevadas. Un peso, el del sector industrial, que ya se ha reducido al mínimo y que está llamado a desaparecer en una generación.

Concluye su información el periódico de la ovetense calle de Calvo Sotelo, afirmado que que en torno a un 30 por ciento de los asturianos puede tener ingresos procedentes de la Seguridad Social, y que la gran mayoría de esos ingresos procede de las pensiones. A lo que añaden con muy mala leche que la región, como reflejaron informes precedentes, es aquella que, por su déficit, más depende del mecanismo de solidaridad entre ciudadanos y territorios que conlleva el modelo de «caja única».

Con todo y con lo que nos viene, seguimos sin hablar de lo que debería importarnos realmente

Cabe redordar la guerra a muerte mantenida durante años por los rectores y opinadores de nuestros periódicos, los ideólogos de la economía oficial y los líderes de opinión de calella, sobre el terrible efecto negativo del sector público industrial sobre el futuro, que ya es presente, de nuestra economía. Si se les pregunta, seguirán insistiendo en que él tuvo la culpa de todo, y si insistimos, dirán, que si esto está lleno de grandes superficies, urbanizaciones incomprensibles y negocios pintorescos, la culpa la tiene el "cha, cha, cha", porque aquí, periódicos y políticos, nunca tienen la culpa de nada.

Lo cierto es que las industrias se siguen cerrando para desarrollar en los solares negocios inconfesables, que la financiación de la política explica la nefasta gestión especulativa de nuestro urbanismo, y que si la gente está comiendo, es gracias a los subsidios y las ayudas procedentes de Europa. Los subsidios se acaban y encima, España está rompiéndose en diecisiete pedazos, con criterios pensados para dejarnos en la más absoluta de las miserias.

Mientras tanto, nuestra prensa y nuestros políticos, matan moscas con el rabo, haciendo la crónica de las tonterías en las que invierten su tiempo Francisco Javier García Valledor y Vicente Álvarez Areces, mientras un día sí y otro también, nos enteramos de los últimos negocios que hacen unos y otros, a costa de la liquidación de la herencia industrial de nuestros padres. ¿Intentamos hablar de las cosas que nos importan? ¿Seguimos hablando de pijadas?

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