La Nueva España da hoy una información en exclusiva. No parece muy razonable que se dicha exclusiva se produzca porque en ese periódico hayan sido los únicos en enterarse de lo que se habló en una sesión de la comisión paritaria de la Universidad y las Instituciones Sanitarias, que así se llama el organismo que se reunió ayer, en el que el Alma Mater y el gobierno del Principado dirimen sus cuestiones, aunque, todo hay que decirlo, las agencias tampoco se enteraron, pues no emitieron nota alguna sobre la reunión de marras, con lo que no resulta descartable que dados los efectivos con los que cuenta la disminuida redacción de La Voz de Asturias, y el mínimo despliegue que mantiene El Comercio en la capital del Principado, nos encontremos ante una peculiar exclusiva de facto, que La Nueva no duda en dar en primera, convenientemente valorada, junto con las dos tremendas noticias que nos recuerdan la tragedia del autobús de Morcín y el accidente laboral de San Martín del Rey Aurelio, dos graves sucesos que nos deben sugerir, como siempre, que en esta vida lo que importa de verdad es lo todos sabemos.
La verdad evidente que aflora por encima de las mentiras que fueron útiles en su momento
De acuerdo con el relato de La Nueva España, el rector de la Universidad de Oviedo, Juan Vázquez tras unos meses de silencio en el problema pendiente del traslado de la facultad de Medicina al nuevo hospital de la Cadellada, (HUCA), volvió a apretar ayer nuevamente las tuercas del consejero de Sanidad Rafael Sariego, recordándole que la Universidad tiene capacidad de presión en este asunto, pidiéndole "que planifique el diseño, los contenidos y la financiación del futuro campus de Ciencias de la Salud, que se emplazará, salvo nueva sorpresa o contraorden, junto al futuro Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) en los terrenos de La Cadellada". Vázque clava los dientes y parece que canta un te deum.
Con esta declaración, el Rector demuestra su talante político, al referirse, de esta manera sibilina, a las numerosas "sorpresas" y "contraórdenes" que se han ido sucediendo a propóstio de este asunto, a lo largo de estos últimos tiempos, en la calle, en la propia universidad, en La Junta General del Principado y en todos los foros, pues el Rector sabe perfectamente, como casi todos los asturianos, que el gobierno autonómico está a la defensiva y buscando cualquier pretexto, para cubrir como sea, su imposibilidad de financiar un traslado de la actual facultad de Medicina, tal y como se comprometió el gobierno en su momento. De hecho, y aunque el Rector no parece darle importancia al asunto, en la facultad del Cristo, que es la que se supone que hay que tirar, se está invirtiendo una cifra que ronda los dos mil millones de las antiguas pesetas.
Areces ya sugirió por donde van los tiros, pero muchos no se dan por enterados. Cada uno a lo suyo
El pasado 12 de diciembre, tras inaugurar en Oviedo las actividades de las "I Jornadas de calidad en atención primaria", Sariego había asegurado que "antes de que concluya la construcción del HUCA, ya estarán en pie algunas estructuras significativas del campus de Ciencias de la Salud". Esa declaración de Sariego venía a intentar corregir el estado de crispación creado entre la comunidad médica y universitaria, ante la afirmación realizada por Vicente Álvarez Areces, presidente de la comunidad autónoma, que había desvelado, en contra de los compromisos asumidos en los tiempos en los que se desarrolló la monumental bronca regional por el traslado del hospital del Cristo a la Cadellada, que la facultad de medicina no se construiría en el entorno de La Cadellada, en ningún caso, antes de la inauguración del nuevo HUCA, es decir, nunca. En los tiempos de la bronca, Areces, empeñado en adudicar su gran pastelón sanitario, había prometido que en La Cadellada, junto con Medicina, se construiría también un Centro de Investigaciones, la Clínica Universitaria de Odontología y las Escuelas de Enfermería y Fisioterapia, no ha mucho inauguradas en el Cristo. ¡Total! ¡Un poquito más!
Hace tres meses Sariego volvió a resucitar involuntariamente -¡claro!- esta polémica, ante el acoso periodístico, al anunciar que la Facultad de Medicina de la Universidad de Oviedo no se trasladaría "por el momento" a los terrenos de La Cadellada. Esas declaraciones las había realizado el consejero, durante una visita que efectuó a las obras del complejo sanitario, en compañía del consejero de Economía y Hacienda, Jaime Rabanal. En la crónica que publicó entonces el diario La Nueva España sobre la visita, el consejero había afirmado que «cuando las obras estén realizadas ya hablaremos», una consideración muy optimista por su parte, próxima a la broma, pues a la vista de la marcha de las obras, da la impresión de que el consejero Sariego, como el canciller Adolfo Hitler, se ve a sí mismo formando parte de un Reich que va a durar mil años.
Facultad no, pero sí unos centritos de investigación
Aquel vaivén de dimes y diretes de hace tres meses, que duró semanas, sirvió para que nos enterásemos del plan completo que tenía preparado el Principado para hacer frente al destino inevitable, ante el fiasco que tarde o temprano tendrá que reconocer. Se trata de la moto -¿qué tendrán los vendedores de motos?- sustitutoria, o premio de consolación, para cuando por fin se decidan a hacer frente a la realidad. Esta propuesta la van colando poco a poco como vaga promesa, y consiste en la construcción en la Cadellada de edificios de uso más o menos universitario, en una superficie de 5.500 metros cuadrados dedicados a la docencia e investigación, frente a los 20.00 que tiene en la actualidad Medicina: en definitiva, y como todo el mundo sabe y hay que repetir una vez más, la confirmación de lo que todos sabemos pero nadie quiere reconocer: que Medicina no se traslada.
Para esos 5.500 metros de "consolación" con los que espera librarse de sus promesas, el gobierno del Principado anunció la instalación, junto al nuevo hospital, de un instituto oncológico, así como lo que llaman "las líneas de investigación celular" del Centro Comunitario de Sangre y Tejidos. Ayer, Sariego se refirió a estos proyectos para el consuelo, como "algunas estructuras siginificativas del campus". Según afirma La Nueva España de hoy, Sariego dijo sobre sus anteriores declaraciones al respecto de este cachondeo pendiente "que sus declaraciones posteriores fueron mal interpretadas porque la Administración no ha renunciado en ningún momento al campus de Ciencias de la Salud en el entorno del Hospital", con lo que asumía disciplinadamente las culpas del jefe, que es el que primero intentó resolver el problema diciendo aquello tan famoso del Dondiego.
El Rector aprovecha la situación para hacerle pupita al presidente en el cuello
Así están las cosas. El Rector, que depende del Principado, aunque goza de una cierta autonomía que le otorga la pompa de su cargo, tiene que recordar permanente su situación de privilegio, a un gobierno acogotado por los créditos y por la dificilísima realidad presupuestaria de las monstruosas obras de La Cadellada. La gran polémica del traslado del hospital se saldó con unas promesas imposibles de cumplir por su astronómico coste, y además, mientras se construye el nuevo hospital, la adminitración tiene que hacer frente a los enormes gastos que se están realizando para mantener las actuales infraestructuras hospitalarias, mientras se construyen las nuevas, renovando plantas y servicios enteros en unos edificios que se supone que se van a tirar, algo que ya se advirtió sobradamente en su momento.
Cada vez que el Rector habla de estas cosas, amenazando con contarle a la población la verdad de los hechos, es como si apretase un poco los dientes en el cuello del presidente. Sin duda, es una manera de recordarle que la Universidad también tiene sus propias necesidades, que se irán negociando, a medida que el jefe universitario vaya aflojando la presa, si el presidente da motivos para ello, aflojando a su vez la mano. Son las consecuencias de las mentiras que hay que colocar, para justificar lo injustificable: la construcción de un hospital nuevo donde ya había uno que podía haber sido remodelado, sin empufar a la comunidad asturiana por los siglos de los siglos. Hecha la adjudicación del nuevo edificio y liquidados los inmateriales correspondientes, a las generaciones futuras que las zurzan. Eso sí, con semejante bocado, más de uno se quedará bien abrochado.

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