El `Estatut´, a referéndum: el domingo por la noche se cierra un ciclo político en Cataluña, de Antonio Casado en El Confidencial
Mañana, la reflexión. El domingo, a votar. Sólo catalanes. Les toca ratificar su nuevo Estatuto de Autonomía. El "definitivo", decía Pascual Maragall el miércoles pasado. Aunque eso es lo que opina el todavía presidente de la Generalitat, nadie lo diría a juzgar por las vueltas y revueltas de un texto tan agitado antes del uso.
No menos agitada ha sido la campaña de los partidos, en defensa de sus posiciones repartidas entre el 'sí' y el 'no'. Termina esta noche, pero tampoco la hubieran echado de menos los votantes. Según las encuestas, en estas dos últimas semanas apenas se ha detectado un aumento de la motivación para acudir a las urnas y más de la mitad de los catalanes sigue diciendo que carecen de información suficiente para formar criterio.
Respecto a los resultados del domingo, hay encuestas para todos los gustos, pero ninguna de ellas se acerca ni de lejos al 88,14% de 'síes' logrado por el vigente Estatuto de 1979. En cuanto a la participación, solo la encuesta de El País (Instituto Opina) anticipa una participación del 71%, muy por encima del 59,70% registrado en el referéndum del 25 de octubre de 1979.
Todas las demás anuncian un nivel de participación más bajo y es un hecho que los dirigentes implicados en el 'sí' (Zapatero, Maragall, Montilla, Mas, Saura, etcétera), no cesan de nvocar, sin que nadie les pregunte, el alto grado de movilización que se respiraba hace veintisiete años, para sostener a renglón seguido que, por tanto, no sería ningún fracaso que el domingo sea más bajo el porcentaje de catalanes que acudan a las urnas para ratificar su Estatuto de Autonomía. Curarse en salud se llama eso.
Sin embargo, la motivación mayoritaria de los ciudadanos fue uno de los tres pilares argumentales sobre los que Zapatero y Maragall montaron el gran decorado político de la Legislatura. Los otros dos -recordemos- eran el encaje constitucional y el consenso de los partidos. Si tenemos en cuenta que el texto salió del Congreso con menos consenso del que tenía al entrar -se descolgó ERC- y que aún quedan puntos de dudosa constitucionalidad, nadie en su sano juicio puede decir que la operación le haya salido redonda ni a Zapatero ni a Maragall.
Excepto ellos, claro. Con más fundamento en el caso del primero que del segundo. Al fin y al cabo, esta ronda la paga el president, que es hombre al agua desde que Zapatero, reunido a solas con Artur Mas en Moncloa, en la noche del sábado 21 de enero, decidió despedir a Maragall y a Carod-Rovira como costaleros de su poder central. De paso, a Zapatero le importó lo que ustedes se imaginan cargarse el "tripartito", en el que había puesto todas sus complacencias cuando todavía ni soñaba con llegar cinco meses después a la Moncloa.
Pero, así han sido las cosas. Y ahora, cinco minutos después de conocerse los resultados del referéndum, Cataluña volverá a pedir a gritos otra pasada por las urnas -elecciones autonómicas- porque el domingo por la noche allí se habrá terminado un ciclo político.
