La proliferación de armas nucleares es una seria amenaza para la seguridad global. Su uso generaría destrucciones irreversibles. La tensión sobre Irán es un ejemplo entre varios de este problema que analiza una comisión de las Naciones Unidas, presidida por el diplomático sueco Hans Blix, que presentó sus conclusiones (www. wmdcommission. org) a principios de junio.
"Es deseable que los ministros de Asuntos Exteriores hablen de Irán - afirma Blix-, pero no parecen dedicar ni un pensamiento al hecho de que hay 27.000 armas nucleares reales en Estados Unidos, Rusia y otros estados, y muchas de ellas en estado de alerta". Las conferencias de desarme no dan resultado por falta de interés de las potencias. Blix, famoso durante la crisis de Iraq, indica que, después de librar una guerra inútil en ese país durante tres años para eliminar armas que no existían, es hora de buscar otras formas de combatir la proliferación nuclear. El informe plantea que el uso premeditado o por error de armas de este tipo causaría daños inhumanos, indiscriminados y de larga duración.
El informe analiza las limitaciones del tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Los estados con armas nucleares firmaron en el TNP hace treinta y seis años que negociarían de buena fe para alcanzar el desarme. A la vez, los estados que no contaban con estas armas recibirían ayuda para desarrollar energía nuclear civil.
La guerra fría potenció la carrera nuclear en vez de desactivarla. La tecnología nuclear civil se usó en varios casos para fines militares. Y las tensiones y conflictos regionales llevaron a que potencias como Israel, India, Pakistán y Corea del Norte se dotaran con estas armas. Por otro lado, algunos estados como Brasil y Sudáfrica renunciaron, luego de iniciar los proyectos, a contar con arsenales nucleares.
The Economist especulaba hace pocos días con que una disminución del número de armas nucleares por parte de Estados Unidos y Rusia podría provocar una reacción en cadena en Gran Bretaña, Francia y China y quizá extenderse hasta India y Pakistán. Diversos obstáculos se oponen a esa idea. Estados Unidos y las otras potencias están experimentando nuevas generaciones de armas nucleares y el Gobierno de George Bush revitalizó los supuestos en los que podría ordenar el uso de este tipo de armas.
Jacques Chirac dijo hace unos meses que Francia podría utilizar armas de destrucción masiva en algunos casos. Por otra parte, el acuerdo de reducción de estas armas que firmaron Estados Unidos y Rusia en el 2002 es muy deficiente en verificaciones. Rusia ve con preocupación la ampliación de la OTAN y en pleno auge nacionalista difícilmente reducirá su arsenal.
A esto se suma que el tratado Amplio para la Prohibición de Pruebas Nucleares no ha sido ratificado por Estados Unidos ni por otros países con armas nucleares, lo que dificulta avanzar en acuerdos de desarme más complejos. Washington, otra vez, se opone a los mecanismos de verificación sobre fisión nuclear. Para agravar la situación, Estados Unidos hundió en el 2001 el tratado de misiones antibalísticas, que limitaba el desarrollo de armas contra armas nucleares, algo que ponía trabas a la tentación de lanzar un ataque y pensar que podría repelerse una posible respuesta.
El reciente y polémico acuerdo nuclear de Estados Unidos con India no tiene previsiones sobre producción para fines bélicos y se legitima que nadie podrá verificar las instalaciones militares indias. Este acuerdo sienta un grave precedente contra el TNP y el Organismo Internacional de la Energía Atómica. China desconfía y prevé que EE. UU. será su gran competidor. India y Pakistán ya están en la lógica de la disuasión nuclear. Irán está tratando de contar la tecnología que, eventualmente, le permitiese ser potencia nuclear en una región volátil. Israel ya las tiene y no piensa renunciar a ellas de ninguna forma.
Exigir a nuevos aspirantes a que no desarrollen armas nucleares pero continuar perfeccionando los arsenales propios es una política que nace deslegitimida. La misma argumentación que utilizan EE. UU., Gran Bretaña o Francia para justificar sus arsenales es la que pueden usar Irán o Corea del Norte, o Israel, Pakistán e India, países que no son firmantes del TNP.
Avanzar hacia el desarme es difícil, además, en el momento en que hay un regreso a posturas realistas nacionalistas, o sea, que cada Estado se ocupa de sus propios intereses y hay menos voluntad de cooperar en la construcción de sistemas basados en la confianza y la seguridad en común. Pero el informe Blix presenta 60 recomendaciones concretas. Tres de ellas son de especial importancia.
La primera es que Estados Unidos ratifique el tratado sobre pruebas nucleares. Si lo hiciera podría ser un ejemplo que seguir. La segunda, que se concluya un tratado verificable para terminar con la producción de uranio y plutonio enriquecidos, componentes claves para fabricar armas nucleares. La tercera, que se convoque una reunión de alto nivel de todos los estados para mejorar los mecanismos de desarme, de no proliferación y prevenir el uso terrorista de armas de destrucción masiva. El desarme nuclear parece imposible, sin embargo la Comisión Blix afirma que "las armas de destrucción masiva no pueden ser desinventadas, pero pueden ser declaradas ilegales, y hacer que su utilización sea impensable".

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