ETA ha emitido un nuevo comunicado destinado al Gobierno francés para que reconozca el conflicto que tiene con Euskal Herria. Se trata del clásico planteamiento del nacionalismo vasco, según el cual el paradisíaco país euskaldun está invadido por dos estados opresores: el español, que ocupa las cuatro provincias del sur (Araba, Gipuzkoa, Bizkaia y Nafarroa), y el francés, que hace lo propio con las tres del norte (Lapurdi, Zuberoa, Nafarroa Behera). Los nacionalistas consideran que existe un conflicto histórico cuya solución pasa inexorablemente por la retirada de españoles y franceses de la tierra de los vascos, para luego proclamar a Euskal Herria como estado independiente. En esto coinciden todos los nacionalistas, desde el más tibio militante del PNV hasta Txapote. La diferencia entre ellos está en los medios (tiros en la nuca o votos) y en la aceptación o negación de logros parciales como la consecución de estatutos de autonomía.

Pese a considerar que Euskal Herria está pisoteada por franceses y españoles, ETA trató de distinta forma a unos y a otros. En el País Vasco español puso bombas y en el País Vasco francés reponía fuerzas entre un atentado y el siguiente. Para España, ETA fue un grave problema desde su origen, mientras que para Francia no supuso ninguna preocupación. A ETA le empezaron a ir las cosas francamente mal cuando los gobiernos de España y Francia unieron fuerzas para desarticular a la banda armada. Desde entonces, la mayor concentración de activistas etarras se da en las cárceles de ambos países. Las reflexiones de 'Paquito', el máximo jefe de ETA detenido en Bidart en 1992, no dejan lugar para la duda: la lucha armada se ha saldado con una derrota.

En estas estábamos cuando Zapatero puso en marcha el llamado proceso de paz, que ha tenido su primer efecto en la revalorización de los planteamientos de ETA y Batasuna. Cualquier rueda de prensa de Otegi tiene tanta importancia como las manifestaciones de un ministro, y los comunicados de los encapuchados de ETA originan largos debates. Para ETA llegó el momento de desempolvar sus viejas aspiraciones: una negociación internacional con altos representantes de España y Francia sentados junto a la elite del terrorismo.