Ni siquiera han pasado tres meses desde el alto el fuego de ETA y el insoportable ambiente político hace que todos nos pongamos nerviosos, quizás porque muchos protagonistas no paran de torpedear cualquier esperanza, en especial, desde la izquierda abertzale. Pero a pesar de estas escasas trece semanas, va siendo hora de tener algunas respuestas. No sé cuánto podremos aguantar apoyándonos en la fe ciega, en la confianza absoluta o en la esperanza. Ahí van dos docenas de dudas:
¿Se está rindiendo ETA, pero no se dice así de claro porque el proceso se iría al traste? ¿Los terroristas hubieran declarado el alto el fuego con cualquier gobierno porque su situación era insostenible política y operativamente hablando? ¿Es necesario buscar una salida más que honrosa a quienes en cualquier caso se hubieran rendido?
¿Qué ocurrirá si en las próximas fechas Batasuna condena la violencia y comienza su legalización de cara al 2007? ¿Podrán entonces los socialistas dialogar con ellos sin la oposición frontal del PP? ¿Qué argumento tendrá entonces el Partido Popular para oponerse a los contactos? ¿Es delito reunirse con éste o con aquel, aunque se apelliden Otegi o Permach? ¿Qué hacen entonces los servicios secretos de todo el mundo?
¿Por qué nadie del Gobierno o del PSE reconoce abiertamente lo que cuentan en privado: que los batasunos amenazaron con no presentarse al juez Marlaska la famosa semana del debate del estado de la nación y de ahí el precipitado anuncio de Patxi López? ¿El error de dejar a Rajoy a los pies de los caballos no se podría haber evitado con una urgente llamada telefónica? ¿No se le ocurrió a nadie o se hizo a propósito?
¿No le toca al mundo abertzale, de una puñetera vez, dar un paso y condenar la violencia? ¿Se dan cuenta estos profesionales de la provocación del favor que harían al proceso? ¿O no son capaces de vivir sin provocar desde la delicadísima línea que separan sus chulerías de la respuesta de los ofendidos?
¿No deberían las víctimas del terrorismo exigir que ningún partido político apoyara sus reivindicaciones - las que fueren- para así evitar que se diga que están politizados? ¿Puede un gobierno tomar decisiones trascendentales con la oposición de un 35, 40, 45 por ciento de sus ciudadanos? ¿Y qué piensa Francia, de verdad, de todo esto? ¿Nuestros vecinos permanecerán tan tranquilos ante las reivindicaciones sobre las tres provincias vasco-francesas? ¿En qué clave hay que leer la detención de un importante etarra y su acompañante durante la pasada semana en Francia? ¿Fue un aviso del Gobierno hacia ETA? ¿La consulta del futuro marco político para Euskadi servirá como una excusa a modo de referéndum de autodeterminación? ¿Pactarán socialistas y abertzales en ayuntamientos navarros? ¿Cuándo dejará el PNV de tocar la mandolina? Y por último, ¿seguro, segurísimo, que quien gobierne cuando ETA acabe tendrá garantizada la victoria en unas elecciones generales?
Reconozco mi desinformación. Tengo muchas más preguntas, pero no me caben en esta página. Me faltan respuestas y no sé contestar con datos a la mayoría de cuestiones formuladas, por lo que creo que va siendo hora de que se vayan aclarando algunas de estas dudas.

Escribe un comentario