La radicalidad de las declaraciones que se están realizando desde la dirección de Izquierda Unida en Gijón, con las que se echa leña al fuego de las tensiones y la crispación políca en España de una manera desordenada, sólo pueden tener una explicación razonable: fabricar humo para tapar el tremendo crujido interno de sus estructuras, ante el descubrimiento público de la participación de este grupo político en el pastel inmobiliario que se está llevando por delante lo que queda de la industria naval asturiana. La Nueva España de Gijón publicó, sin colgarlo en Internet, un larguísimo documento en que Carlos Luján, ex presidente del Gupo Progea, contaba la historia de su contencioso en ese grupo inmobiliario, con lo que todos los gijoneses -no así los asturianos-, han tenido la oportunidad de enterarse de la gravedad de las implicaciones políticas de las actividades de este grupo.
Está claro, tanto por lo que se está publicando en La Nueva, como por los emisarios que nos está mandando el delegado de Progea en Asturias, para intervenir en Escandalera (ayer hubo en esta página un curiosísimo debate al respecto) defendiendo, no sus posiciones, sino su falta de importancia personal dentro de un conglomerado en el que otros serían los responsables de los gravísimo hechos de los que estamos hablando, que este asunto, por fin, estalla ya sin remisión. Unos y otros se preparan para que la onda expansiva los coja a cubierto.
¿De qué responsabilidades estamos hablando en el Caso Progea?
Hay que preguntarse quién sería el sinvergüenza que tuvo la extraordinaria falta de gusto, el cinismo y la ausencia de respeto humano, como para inventarse la broma pesada de dar aspecto de barcos, a los edificios con los que se iniciaba la liquidación, por aplastamiento económico, de los astilleros de la bahía gijonesa. No se trata de una pregunta retórica. A la vista está que el drama de los astilleros gijoneses no ha hecho otra cosa que extenderse a lo largo del tiempo con sádica crueldad. Hoy, Javier Morán, escribe otra de sus memorables columnas al respecto, en la que se refiere a ese sadismo, con el titular "Lenta y a garrote". ¡Hay que ser amoral e ilimitado para jugar así con los sentimientos de los ciudadanos, como jugaron los autores del bromazo de los edificios.barco!
Una industria como es el sector naval, es eso que los economistas llaman “intensiva” en mano de obra, y no “intensiva” en capital y sin mano de obra, como es la absurda industria energética de los molinetes eólicos, las centrales de ciclo combinado, la regasificadora o la planta de biodiésel de El Musel, negocios muy adecuados para los tiempos de corrupción abierta en los que vivimos, en los que se puede derivar –sin que pase nada- muchísimo dinero público hacia bolsillos privados, para montar negocios costosísimos que no generan empleo. El naval es, en definitiva, una auténtica industria, no un momio contaminante, dañino para el territorio y rentable para muy pocos.
Resulta extraordinariamente grave cargarse lo que queda del naval, en un momento en el que todo el mundo reconoce que lo que sobran son barcos que construir, con una sucia operación, consistente en adjudicar el astillero público Izar a un astillero privado quebrado, como es la viguesa Vulcano, que además es socio de la sociedad denominada Astilleros Asturianos, la cosa societaria que controla el otro astillero gijonés, Naval Gijón, pendiente de una recalificación urbanística ya solicitada por la propiedad de la parcela.
El desairado papel de Izquierda Unida de Gijón
Jesús Montes Estrada ha sido complice de la Alcadesa Felgueroso y del presidente Areces, en la operación política con la que se dejó pasar la oportunidad de integrar Izar-Gijón en el grupo público de astilleros Navantia. Por si fuera poco, ahora calla como un muerto. Sus últimas declaraciones públicas a La Nueva España, fueron para reconocer que la empresa Progea había sido de su organización política hasta el 2004 (es evidente sigue habiendo una relación directa), y en Gijón todo el mundo sabe ya que Progea, la empresa dirigida por personajes vinculados al PSOE e IU, construyó los edificios-barco, la broma pesada y de mal gusto, con la que se inició el acoso a los astilleros.
Cargarse un sector “intensivo” en mano de obra como el naval, para quedarse con los solares para las empresas de ellos, las empresas políticas, las empresas de los políticos, las empresas relacionadas sobre todo con IU en este caso, y sacarle a esos solares la cañamina, en forma de pelotazo inmobiliario, a costa de la estabilidad en el empleo y el futuro industrial de una ciudad, es un auténtico crímen contra la humanidad, que debe ser juzgado política y penalmente, cuanto antes mejor.
No es de extrañar, que en una situación así, con toda la ciudad señalándolos con el dedo, los responsables de IU de Gijón se pongan nerviosos y griten con estridencia, con declaraciones desmadradas y absurdas, como las que acaban de realizar contra la manifestación de la AVT, con las que poco menos que acusan a los dirigentes del PP de haber sido los cobardes asesinos de los abogados laboralistas de Atocha.
Nadie entra a su juego de despiste mientras los trabajadores del naval se encuentran abandonados por los políticos
Lo que les gustaría a los dirigentes gijoneses de IU es que algún radical de derechas entrese en su juego, y así conseguir que los ciudadanos dejen de hablar del atraco de Poniente, mientras se solidarizan con las víctimas de éste y otros pelotazos similares: ¡los trabajadores del naval!
Para IU de Gijón, cuyo responsable económico, el ex-cura José Antonio Hevia Braña firmaba personalmente en la notaría las escrituras con los compradores de los pisos de los edificios-barco, este escándalo se está convirtiendo en un problema de vida o muerte, y terminar con el sector del naval de una vez por todas, es ya una prioridad. ¿Por dónde tiene cogido a Jesús Montes Estrada, el ex cura Hevia, para que todavía no le haya cesado como responsable económico de la presidencia de IU en la ciudad? ¿Es su situación tan fuerte que prefieren hudirse todos, cogidos a su maloliente sotana, que limpiar la casa de una vez expulsándele de la organización, como haría cualquier grupo cuya dirección no estuviese pringada?
Si el conflicto del naval sigue, y Hevia Braña continúa con sus cargos políticos en IU, la coalición puede tener los días contados en Gijón, porque toda la ciudad, y toda la comunidad autónoma, se van a enterar -se están enterando ya- de que ellos son los que iniciaron la liquidación de los astilleros, llevándose las plusvalías para una de sus empresas, y un rumor así, que cada día llega a más personas, no se acalla a base de pegar berridos, sino con el cese de los responsables de estos presuntos comportamientos delictivos, y su expulsión de la organización política a la que degradan, con su mera presencia en ella.

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