Del éxito de la tercera movilización que en menos de un año ha convocado la AVT para pedir a Zapatero que no negocie con ETA se pueden extraer varias conclusiones, me temo que ninguna de ellas buena para él.
La primera es que, a pesar de las dudas que algunos pudieran tener, la sociedad no está tan anestesiada como para no darse cuenta de que una cosa es el noble objetivo de la paz y otra este mal llamado proceso de paz, que, tal y como lo está conduciendo Zapatero, lleva aparejado el pago de un precio político a la banda para que deje de matar.
Y eso que el Gobierno, a través de una poderosa maquinaria de propaganda, está distribuyendo ingentes cantidades de anestesia. Pero ha quedado demostrado que a los ciudadanos no se les engaña. Paz sí, pero no a cualquier precio, y mucho menos al de que los terroristas consigan ahora lo que no han logrado en 40 años.
Que en un año cientos de miles de ciudadanos hayan salido a la calle tres veces para decirle al presidente Negociación, en mi nombre, no nunca había ocurrido en nuestra Historia reciente. La sociedad conserva todavía una fibra moral que sale a flote en los momentos más delicados, como el que estamos viviendo, con un presidente que ha renunciado a derrotar a ETA y que busca su final por la vía de la claudicación.
La segunda conclusión es que Zapatero vuelve a desoír a las víctimas. Estamos ante un gobernante poseído de sí mismo, endiosado, con una seguridad en lo que hace que da pavor, sobre todo cuando enfrente no tiene a una ONG, sino a un grupo terrorista que ha olido su debilidad.
En las últimas semanas cada uno ha clarificado sus posiciones. Una parte importante de la sociedad ha querido estar junto a las víctimas; el PP le ha dicho a Zapatero que no cuente con él para darle cobertura en su negociación con la banda. A pesar de ello, Zapatero va a seguir con su hoja de ruta, porque ni quiere ni puede dar marcha atrás al estar atrapado en su propia red.
Llegados a este punto, es mejor que deje de marear la perdiz: que si va a llamar a Rajoy después del referéndum, que si le va a ofrecer información diaria, que si va a rebajar el nivel de la reunión del PSE con Batasuna. Todo eso es enredo y es de esperar que nadie, y menos Rajoy, vuelva a dejarse engañar. Él sí estuvo el sábado con las víctimas y pudo oír lo que la gente quiere.
Cada uno debe de asumir su responsabilidad y, cuando lleguen las elecciones, los ciudadanos juzgarán. De momento, el panorama, aunque bastante desolador, se va despejando: Zapatero sigue empeñado en claudicar ante las exigencias de ETA, mientras que el PP y las víctimas, junto a muchos españoles, le pedimos que no lo haga. Por eso, lo mejor es dejar de marear la perdiz, y que Dios reparta suerte, que la vamos a necesitar.
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