El Gobierno y el Partido Popular por fin coinciden en algo: los dos quieren elecciones generales anticipadas. El Gobierno porque cuenta con el apoyo de los nacionalistas y cree tener asegurada su renovación en el poder y porque se ve en la necesidad de hacer un llamamiento a las urnas antes de iniciar las concesiones a ETA y al nacionalismo del País Vasco que ya ha comprometido en secreto. Y el Partido Popular porque al romper su apoyo al Gobierno en la negociación con ETA inicia el camino de no retorno hacia las elecciones generales, y porque los sectores más radicales del PP —los políticos y los mediáticos— quieren poner a prueba, por segunda vez desde el fiasco electoral del 2004, el actual liderazgo de Mariano Rajoy con el siguiente argumento: si ha de perder, cuanto antes mejor.
La noticia publicada por el diario El País según la cual los servicios de información del Gobierno, el CNI, han detectado mensajes de ETA a sus 490 presos, en los que les dice que han de tener paciencia porque la negociación va para largo y primero se han de alcanzar acuerdos políticos en la segunda mesa política de diálogo —paralela a la otra mesa de negociación directa con ETA—, constituye una revelación muy importante, dado que de ella se deduce que existe un acuerdo previo del Gobierno y ETA para alcanzar pactos políticos antes de avanzar sobre otros caminos para la excarcelación de etarras.
Lo que confirma la disposición del Gobierno a hacer concesiones políticas a ETA a cambio del final de la violencia, de la misma manera que cada vez parece más claro que el reconocimiento político de Batasuna por el PSOE, en la anunciada reunión que acabó provocando la ruptura con el PP, es el precio que Zapatero paga a ETA por mantener la tregua.
Lo que nos lleva a la conclusión de que el Gobierno no tiene más salida que convocar elecciones anticipadas antes de iniciar sus grandes concesiones políticas a ETA, con la excepción previa de reconocer a Batasuna e incluso legalizarla antes de los comicios. De lo contrario, si el Gobierno se aventura en negociaciones políticas de envergadura a la banda terrorista, Zapatero correría el riesgo de un rotundo fracaso electoral. De ahí que no tenga más salida que convocar elecciones generales anticipadas, y a ser posible culpando al PP de esa iniciativa para decirle a los españoles que pide una mayoría más cómoda o suficiente para acabar con el fin de la violencia o alcanzar la paz, que ahora le resulta imposible ante la intransigencia y falta de colaboración del PP, tal y como dirán.
Por su parte, los sectores más duros y agitadores del PP y de su entorno mediático se han lanzado en tromba en contra de la negociación con ETA, para aderezar las elecciones y poner a prueba a Rajoy, mientras preparan su candidato —o candidata— “ideal” para consolidar el giro a la derecha del PP y organizar un bloque conservador que incluya no sólo la cuestión etarra sino que a la vez recupere el debate de los atentados del 11M, en el que están periodísticamente interesados los más conspicuos y decididos agitadores del PP, amén de la batalla paralela o frontal sobre la reforma estatutaria, y otros asuntos como la memoria histórica, la educación o la religión.
Y aunque puede que Rajoy y su entorno más íntimo sean los menos interesados en una convocatoria electoral acelerada —en el otoño o a principios del 2007—, lo cierto es que al líder del PP lo llevan en volandas el sector conservador y sus agitadores mediáticos, que se lanzan feroces contra todo aquel que se interponga en su camino y ambición. Que se lo pregunten, por ejemplo, a Piqué o a Gallardón, por citar a algunos que en cierta manera se han atrevido a pedir moderación.
Por si algo faltara en este escenario, está la seguridad de que las dos partes, Zapatero y PP, no quieren pacto alguno en torno a la negociación con ETA. El presidente, porque en ese caso debería descubrir ante Rajoy sus cartas marcadas de pactos políticos con ETA, y porque correría el riesgo de perder su especial relación con los nacionalistas que hoy le garantizan a Zapatero su presencia en el poder, y que le apoyarán en caso de comicios anticipados. Mientras que Rajoy, al que el Gobierno ha engañado y maltratado con toda intención en las últimas semanas, ya no puede volverse atrás tras la anunciada ruptura o los más rudos agitadores mediáticos del PP, de los que es rehén y a los que no se atreve a contestar o denunciar, lo llamarán traidor —algunos ya han empezado—, como ya hacen con algunos de sus compañeros. Motivo por el cual todo apunta al adelanto electoral.

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