Algunos de aquellos que nacieron cuando yo había cumplido los treinta años de edad, han asumido con entusiasmo digno de encomio el papel de oráculos ideológicos para la generación siguiente a la suya, aparecida por primera vez en el mapa demográfico de la actual sociedad española cuando se proclamó la Constitución de 1978. Estos oráculos o gurús , o príncipes de la inteligencia contemporánea han tomado en serio la responsabilidad de educar ideológicamente a sus hermanos menores, nacidos después del parto histórico de los contubernios de La Moncloa; los cuales sirvieron para anunciar el advenimiento de un nuevo orden ...
Estos gurús de la postransición, al mismo tiempo que actúan como pedagogos del nuevo pensamiento político, practican el arte de revisar a fondo la vieja historia que les oyeron contar a los mayores, quienes, al parecer, en muchos casos están marcados por el resentimiento político y por sus frustraciones personales. Especialmente, aquellos que nacieron coincidiendo con las postrimerías de la dictadura de Primo de Rivera o en los prolegómenos de la Segunda República. Por lo visto, estas antigüedades son los supervivientes estigmatizados por los sucesos de un tiempo que habiendo comenzado hace casi ochenta años, concluyó definitivamente el 15 de junio de 1977.
Para los ilustrados gurús , la complejísima historia española de esos años es sencillísima de contar: cayó la Monarquía y se proclamó la República; esta cometió tremendos errores (la reforma agraria, la enseñanza laica, el intento de democratizar el Ejército...) que acabaron hundiendo a España en la miseria material y espiritual. Tras la República, vino la Guerra Civil... Y para de contar. Fue como si la Guerra Civil --parece ser que la herencia más pesada de la República...-- hubiera servido para purificar a los españoles. En los cuarenta años que siguieron al final de la dichosa guerra, aquí no pasó nada digno de mención. Ha sido un largo paréntesis durante el cual la historia de este país se quedó en blanco...
ESTOS AGUDOS observadores de aquel tiempo --especialmente el comprendido entre 1936 y 1975-- se han empeñado en democratizar las fuentes de esta historia haciendo tabla rasa de lo que es --o fue, o pudo haber sido-- un análisis crítico de la misma con lo que no es más que pura propaganda política; para, a continuación, interpretarla de acuerdo con sus prejuicios posmodernos y, luego, documentarla apelando, por ejemplo, a la santa y sabia obra publicada en los años triunfales de la década de los 40. Una época en la que deslumbró a la inteligencia nacional don Joaquín Arrarás con sus relatos históricos; rescatado recientemente del olvido en que parecía haber sido sumido por una generación de frívolos intelectuales que le habían negado su condición de maestro de la investigación histórica. Afortunadamente, ignorado Manuel Tuñón de Lara, y su escuela histórica , se puede decir, en vista de lo que ocurre, que los jóvenes historiadores están poniendo al día la clásica Historia de la Cruzada Española .
Modestamente, confieso que no me asusta ni me sorprende este cambalache intelectual, que tiene como fondo la tragedia española de los años 30 del siglo pasado, en función de la cual se prolonga el análisis histórico de lo sucedido en este país hasta llegar a la primera mitad de la década de los años 70 del mismo siglo. Durante los últimos cincuenta años de mi vida he contemplado muchos cambalaches políticamente intelectuales e, incluso, mediopensionistas... He conocido a marxistas puritanos repentinamente devenidos en socialdemócratas convictos y confesos; a republicanos devotos de la monarquía juancarlista... He contemplado este travestismo político en el pequeño mundo que me rodea, pero que es un nítido espejo de cuanto ocurre en este país desde que la palabra libertad anidó en las bocas de todos. Y desde que las elecciones libres se convocan para candidaturas celosamente controladas por las oligarquías políticas correspondientes.
Ya sé que este fenómeno social no es particular de este tiempo; ni único, ni nuevo. Tampoco desaparecerá cuando hayan desaparecido sus actuales protagonistas. El oportunismo político está impreso en el código genético de cada uno de los seres humanos. Es una tara universal.
VOLVIENDO AL principio: no creo que esa actitud equilibrada de los gurús de la generación siguiente a la mía responda a un deseo de desideologizar a la sociedad española: más bien lo que se pretende es neoideologizar a las nuevas levas de ciudadanos retomando el hilo del ovillo de la historia que dejaron a medio tejer los sucesivos Arrarás de la Cruzada Española , desde que se hizo público aquel decreto, dictado en Madrid el 26 de abril de 1940, en el que se ordenaba la apertura de una causa general para condenar ejemplarmente "la extensión y la intensidad de la delincuencia marxista". Es decir, cuando la historia empezó a transformarse en un truculento cuento.
Lorenzo Cordero.Periodista.

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