La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

14 Junio 2006

«Voz de hierro, hombre transido», de Luis Alemany en El Mundo

Francisco Umbral acompaña a los arquitectos españoles en el recuerdo profesional y personal de Miguel Fisac, tres semanas después de su muerte.

La vida se le acabó al arquitecto Miguel Fisac el pasado 14 de mayo en un lugar llamado Cerro del Aire, un paraje de nombre lírico colocado en el límite entre un páramo y un barrio de clase trabajadora del norte de Madrid. Allí construyó Fisac su casa en 1957 y allí pasó 49 años de su vida antes de dibujar «la ceremonia de los adioses, el último de sus proyectos».

Las palabras entrecomilladas pertenecen al arquitecto y periodista Luis Fernández-Galiano, uno de los cinco invitados que ayer tomaron la palabra en el Teatro Infanta Isabel de Madrid para homenajear al maestro manchego y para pintar, una vez más, su complejo, enternecedor y literario personaje.

Sí, literario. «Voz de hierro, hombre transido; santo católico y obrero». El escritor Francisco Umbral llevó a su terreno el recuerdo del arquitecto (Daimiel, 1915), hasta convertirlo, casi, en el protagonista de una novela rusa del siglo XIX. El discurso de Umbral, amigo personal de Fisac durante décadas, aludió, aquí y allí, a las peripecias vitales del homenajeado: su vocación espiritual, su drástica ruptura con el Opus Dei, el tierno amor por su mujer, Ana María, su talento poético, su titánica capacidad de trabajo, su marginación profesional y su increíble resistencia a las penalidades.

«De una pieza»

Casi un héroe, casi exento de aristas, para lo bueno y para lo malo. «Era un hombre de una pieza. No dialogaba, no era dado a la duda», recordó ayer Ricardo Aroca, decano del Colegio de Arquitectos de Madrid (COAM, coorganizador del acto junto al Ministerio de la Vivienda). Aroca fue el encargado de poner en valor la obra del arquitecto en la Historia de la Arquitectura española del siglo XX y lo hizo con un saldo ambiguo, también novelesco. Fisac, recordó el decano, fue un personaje central en la renovación de la disciplina tras la Guerra Civil, y, a la vez, periférica. «Desde el principio, estuvo en el limbo de los que no se dejan clasificar».

El mismo limbo que habitaron, por ejemplo, José Antonio Corrales y Ramón Vázquez Molezún, compañeros generacionales de Fisac y aliados en su proyecto: encontrar nuevas formas de hacer arquitectura en España. La presencia de Corrales en el acto de ayer sirvió para afinar -por contraste- el retrato intelectual de Fisac. «Para cuando llegamos, él ya estaba, era nuestro mito. Pero había cosas que lo separaban de nosotros. Por ejemplo, el desencanto en su visita a los maestros de la arquitectura de la generación anterior... Miguel fue un gran heterodoxo».

Con la capacidad de seducir que tienen los heterodoxos; de seducir a amigos como Cristóbal Halffter, que compuso una cantata para la familia Fisac que ayer sonó en el Teatro Infanta Isabel. Halff-ter excusó ayer su presencia en el homenaje pero su música se unió a la multitud (con Rafael Moneo y Alberto Campo Baeza en el patio de butacas) que ayer despidió con una ovación cerrada a Fisac y el último recuerdo de su vida, narrado por su viuda: «Me dijo 'te quiero y cuidaré de ti'».

© Mundinteractivos, S.A.

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