Se invoca mucho estos días estatutarios a Catalunya. Bueno, aquí hablamos siempre largo y tendido de Catalunya, lo que puede reflejar muchas cosas y sin duda nos confiere un amor todavía más profundo hacia la patria. Aunque también podría ser un odio. O una impresión de hartazgo. Y hasta de asombro. Incluso puede provocar un considerable grado de ignorancia, pues como toda actividad y saber exige tiempo y cerebro, no cabe duda de que la insistencia y reiteración en ocuparse del tema catalán resta conocimiento y espacio para enterarse y dedicarse a un montón más de cosas, lo que rebaja competitividad o margina ante el mundo o ante España a los catalanes insertos en esta tesitura.
Además, ¿qué catalanes? Porque si catalanes, según comenzó diciendo el mismo Tarradellas y hasta afirman los soberanistas, somos o son todos quienes viven y trabajan en Catalunya, amén de los que hayan nacido en ella y habiten supongamos en Vancouver, y además quienes se sientan catalanes, pues habrá opiniones y reacciones diversas y hasta opuestas. Catalunya como abanico y no como homogeneidad. Y siempre ha sido así, un ejemplo: a principios del siglo XX la palabra catalanista para los que lo eran designaba a un patriota de este país con su lengua, historia y etnia, y fuera de mayor o menor fervor. Pero para los anarcosindicalistas representaba a idiotas o explotadores burguesetes que debían ser barridos. Y para los grandes burgueses a una tropa de chalados extremistas del localismo, ignorantes de lo que eran economía y política. O sea, que un catalanista o un independentista o un nacionalista no hubieran sido, ni serían hoy en consecuencia, más catalanes que una infinidad de gente que ni siquiera fuera catalanista, hubiera nacido o no en Catalunya y sin ni importar que hablara catalán. Esto es tan así que ningún político catalanista se atrevería a negar la legitimización de dicha pluralidad.
Y de la teoría a la práctica: los catalanes gracias a la democracia explicitan lo que son o desean ser, o como quieren vivir, a través de las urnas. Por tanto, los grupos u opciones integrantes de la mentada pluralidad encarnarán en mayor o menor grado a Catalunya de acuerdo con el número de catalanes que vote cada opción. Con lo que tendríamos a cuatro grupos en activo, que coinciden con los partidos con representación parlamentaria. Los más catalanes, o con más catalanes, serían pues CiU y PSC, luego vendrían los muy segundones PP y ERC, finalmente la breve ICV. Sin olvidar, sino lo contrario, a los pasivos o abstencionistas, el grupo acaso mayor y, por tanto, el más catalán, muchos chinos y Vidal Quadras incluidos.

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