Para ser más precisos una catarsis política. ¿Por qué existe esta necesidad? Está a la vista. Porque el país, la sociedad civil, nosotros en concreto, los Juanes y Marías de este país, no podemos aguantar por más tiempo la adulteración del fin de toda política: construir en bien para todos, el bien común, a través de los medios que da el poder. Esto siempre comporta una tensión, un cierto desequilibrio entre las dos polaridades, construir el bien y ejercer el poder, pero en el caso de Cataluña, ya no se trata de desequilibrio, sino simplemente de eliminación de todo sentido que no sea detentar el poder por sí mismo. Las personas y nuestras necesidades y proyectos, no existimos como sujetos. Somos meros objetos para quienes la política tiene una segunda y perversa dimensión, la comida de coco. Los enormes medios económicos y de todo tipo que poseen los gobiernos actuales, son de tal dimensión, como va mostrando la propaganda sobre el proyecto de Estatut, que cuando además se alían en un mismo frente, con los intereses de los medios de comunicación, la presión es absoluta, total y no deja resquicio para el pensar de cada persona. Esto es lo que va sucediendo en la campaña sobre el referéndum del 18 de junio.
Y ahí precisamente, en esto, radica la gran oportunidad de los ciudadanos. La Catarsis, que obligue a una radical revisión de lo que hacen los partidos y sus dirigentes, de cómo han de pasar a servir a la sociedad, esto es a nosotros, en lugar de utilizarnos.De cómo la democracia no puede funcionar solo a golpe de grupo de presión y del quítate-tu-que- me-pongo-yo, de sucursalizar a la sociedad civil, en lugar de promover su libertad. Es necesario poner fin a esta forma de entender la política. Afrontar de una vez por todas los problemas vitales que nos están dañando sin filigranas discursivas. La crisis de la enseñanza, la situación de creciente deterioro de nuestros adolescentes y jóvenes, la inseguridad provocada por una delincuencia cada vez más osada y violenta; el vandalismo, el escándalo impúdico de la vivienda, el déficit crónico y el deterioro de la sanidad, el mal funcionamiento de la justicia, la incapacidad para desarrollar una política migratoria, la liquidación del sistema público de pensiones a plazo fijo que ya se ha iniciado. Y así podríamos seguir con una enumeración que es larga.
La propia presión sobre el Estatut es la oportunidad de la catarsis. En el referéndum saldrá el sí, que nadie lo dude, porque la legislación española está pensada para que ganen los que gobiernan. La cuestión es si saldrá un sí exultante, con lo cual estaremos condenados a vivir en la misma inercia política, gobierne quien gobierne, o sale un sí diminuto, el ratoncito del parto de los montes. Si quiere cambiar las cosas, no lo dude no vote sí. Absténgase responsablemente o vote no, incluso en blanco. Porque van a utilizar el referéndum para justificarlo todo de todos. Lo van a emplear para justificar todos sus fracasos, su olvido de las personas. Por eso no lo debemos permitir. Sanemos la democracia con nuestra abstención o rechazo. Y alguno diría: «Oiga, pero eso es favorecer el no y por consiguiente a quienes lo proponen». En parte, pero si lo cree utilice las otras vías, la abstención que podría ser demoledora. Pero es que además el campo del no, está tan polarizado entre PP-ERC que no es apropiable. El 19 de junio habrá Estatut legalmente aprobado, pero legítimamente suspendido, si los ciudadanos de una vez por todas sabemos utilizar nuestro voto con sabiduría.
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