Fútbol y nacionalismo, de Carlos Elordi en El Periódico
Como era de esperar, la inauguración del Mundial de fútbol se impuso ayer como el asunto prioritario del día en los periódicos de casi todo el mundo. De modo incontestable en los europeos --y más, si cabe, en los alemanes e italianos que en los otros--, así como en los latinoamericanos y también en algunos diarios africanos y asiáticos. Además, y aunque no es la primera vez que esto ocurre, el asunto mandaba en la apertura de THE WASHINGTON POST y ocupaba un destacado espacio en la de THE NEW YORK TIMES.
También, cómo no, unos cuantos diarios han dedicado sus editoriales a la efeméride. Y aunque no ha habido grandes aportaciones --aún sigue sin reflexionarse a fondo, sobre todo por parte de la gente que está capacitada para hacerlo, sobre la trascendencia de este deporte--, ha habido apuntes que merecen ser reseñados. Por ejemplo el de THE INDEPENDENT: "Parte del atractivo del este circo internacional es que permite que naciones de las que normalmente nadie se acuerda estén durante breves momentos bajo el foco de la atención mundial. La dimensión del PIB parece no importar cuando una de ellas cuenta con superclases en el campo de juego. ... Esa misma tendencia niveladora parece observarse en cada nación. ... El fútbol ha desempeñado un papel vital en la lucha contra el racismo, ofreciendo un modelo de unidad interracial. ... Este espectáculo es también ocasión para expresar un patriotismo británico en estado puro. ... Aunque el orgullo británico se suele manifestar de dos maneras: una es cálida, festiva y no discriminatoria, y expresa un optimismo nacional y un sentimiento comunitario; otra puede deslizarse hacia la xenofobia y el nacionalismo (especialmente cuando la 'mano de Dios' o una bota alemana frustran las esperanzas inglesas)".
El editorial de THE BOSTON GLOBE ha contradicho, en parte, el optimismo de su colega británico en cuanto a las relaciones entre el fútbol y el racismo: "La misma Europa que tiene graves dificultades para integrar a los inmigrantes negros e islámicos puede insultar a los jugadores que pertenecen a esas colectividades. Los futbolistas inmigrados ejercen su derecho a jugar en Europa, al tiempo que los hinchas europeos ejercen su derecho a consumir alcohol y a dar gritos racistas".
Reseñemos, además, una frase del texto con que CORRIERE DELLA SERA introducía en su primera las muchas páginas que ese diario dedicaba al Mundial: "Da un cierto escalofrío escuchar el himno alemán, fuerte y solemne, por los altavoces y cantado por las tres cuartas partes de los espectadores del estadio, de pie, y con los colores rojo, amarillo y negro. Hay ganas de patriotismo en Alemania". Lo que parece claro es que, al menos en esta ocasión, y en lo que al fútbol se refiere, los italianos tienen el orgullo patrio bastante tocado. Los escándalos han hecho mella: "Llegamos a este campeonato casi contra nuestra voluntad, atados por nuestros pecados y sobre bases muy débiles", ha escrito Vittorio Zucconi en LA REPUBBLICA. Aunque a nadie le cabe la menor duda de que esos mismos comentaristas reverdecerán cuantos tópicos nacionales hagan falta si su selección hace un buen papel en Alemania. La capacidad de adaptación es algo muy italiano.
