El presidente aún no sabe qué va a hacer, no lo ha decidido, quisiera repetir pero duda sobre si le conviene.

Aparentemente, las intuiciones que dejábamos escritas en nuestras Señales de Humo de la semana pasada se confirman y que el no al proyecto de nuevo Estatut se está derrumbando, al menos eso es lo que diferentes encuestas han coincido en señalar.

Visto que todo apunta que la suerte está claramente echada han aflorado en la campaña algunos debates y algunas tensiones, de forma muy destacada la cuestión del candidato socialista a la presidencia de la Generalitat. Antes de empezar la campaña del Estatut, en la calle Nicaragua, sede central de los socialistas, escribieron el guión que iban a seguir. Éste reza que el PSC esperará a que pase el referéndum para que luego sea Pasqual Maragall quien hable. Si anuncia que se va, el presidenciable socialista será José Montilla, tal como desean Zapatero y el PSOE. Si quiere repetir, habrá que hablarlo.

Sin embargo, puede que, siempre y cuando acepte las condiciones del aparato, el PSC permita a Maragall volver a batirse con Artur Mas. Sea como fuere, Maragall está dispuesto a enseñar los dientes para que le dejen tomar su decisión en paz. En esa línea cabe interpretar que el haya declarado -en una entrevista al diario Avui- que para ser presidente de la Generalitat es importante dónde ha nacido uno. Con una afirmación tan desafortunada, que sin duda alude a Montilla, natural de Iznájar (Córdoba), pretendería advertir que de ningún modo va a tolerar que le presionen o le empujen.

Y a todo esto, ¿hay pistas sobre cuál va a ser la decisión final? Muy pocas.

Personas cercanas a Maragall aseguran que él no sabe todavía qué va a hacer, que no lo tiene decidido, que le gustaría ser candidato de nuevo pero que duda sobre qué es lo que realmente le conviene. Si el sí al Estatut es tan rotundo como auguran los sondeos, su figura quedará engrandecida. Buen momento, por consiguiente, para decir adiós con solemnidad. No obstante, y según cómo se mire, el triunfo del sí puede servir también para impulsarle a presentarse a las elecciones catalanas previstas para antes de terminar el año. Sería indudablemente su combate más difícil. Además, aunque lograra ganar, nada ni nadie garantiza al nieto del poeta un final más luminoso del que lograría retirándose a tiempo.

En los cuarteles centrales del PSC y de CiU coinciden bastante a la hora de analizar a los dos aspirantes, Maragall y Montilla.El resumen vendría a ser el siguiente: sobre el papel, Maragall es mejor candidato que Montilla (aunque éste pudiera resultar mejor presidente). Pese a ello, para CiU sería mucho más fácil diseñar su campaña electoral si el adversario fuese Maragall, ya que el mensaje que planea trasladar a la sociedad catalana la federación nacionalista es que hay que elegir entre el tripartito II y CiU. Si el cartel del PSC lo ocupase Montilla, el mensaje de CiU perdería en claridad y potencia.

Por otro lado, Montilla levanta menos entusiasmo entre los electores que Maragall y, además, su parquedad de palabras y poca expresividad le restan potencial. Tal vez sea verdad, como argumentan los defensores del ministro, que la candidatura de Montilla pudiera movilizar a sectores a los que no llega Maragall. Pero al mismo tiempo es necesario ponderar el efecto contrario, o sea que, gentes que votaron por Maragall no se sintieran llamadas a hacerlo en caso de que el presidenciable del PSC fuese Montilla.

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