Aún están por decidirse muchas cosas. Aquí y en otras partes. Entre ellas nada menos que el futuro del proyecto de la Unión Europea, hoy paralizado, según diagnósticos como el del doctor Gutiérrez Díaz, experto en asuntos comunitarios.

A la hora del Estatut, el Guti,fiel a las políticas conciliadoras, recomienda el sí, de igual modo que fue partidario positivo del referéndum constitucionalista, torpedeado luego en Francia por Fabius. Con gran perjuicio para los planes unitarios, empezando por los de la economía, amenazada hoy por riesgos inflacionistas.

Dentro de tanto desbarajuste, una alentadora excepción: el Consejo de Ministros europeo aprobó un nuevo programa de investigación y desarrollo para los años del 2007 al 2013 ambos incluidos, con aumento del presupuesto de un 40 por ciento, hasta un total de 48.000 millones de euros. Finalmente, la Vieja Europa es consciente de la urgencia de reformar las estructuras patrioteras que impiden una concentración de cerebros y esfuerzos a nivel continental en materia de investigaciones científicas y de innovación. España participa de lleno en esta noble tarea que, entre otros acreditados personajes, cuenta con la directa asesoría del profesor Manuel Castells, cuyas teorías y experiencias sobre tecnologías de la información y comunicación predominan en los centros más avanzados del globo.

De rebote, Barcelona se encuentra en primera línea. Pero no producto de una casual carambola, sino herencia de una larga tradición y consecuencia de una persistente cultura científico-médica y químicofarmacéutica. Vive nuestro ámbito el estallido de un clima de reconfortante actividad científica. Por citar un ejemplo entre otros muy recientes, señalaré un acto celebrado en el marco del histórico anfiteatro de la Real Academia de Medicina de Catalunya: la entrega al doctor Alberto Muñoz del primer premio Dr. Jacint Vilardell, por el mejor trabajo sobre el cáncer de colon. El doctor Ramon Trías i Rubies pronunció un discurso, justo reflejo del aludido espíritu que hoy inspira las actividades científicas con raíces profundas en la sociedad civil catalana.

El nombre y vida del eminente digestólogo Jacint Vilardell i Permanyer resumen toda una época de progreso de las ciencias médicas, con una biografía de desbordante influencia social y cultural. Mereció figurar en la galería de famosos homenots retratados por Josep Pla.

Su continuidad no ha sido menos gloriosa. Se centra, en esencia, en la personalidad y trayectoria vital del doctor Francesc Vilardell i Viñas, presidente electo durante dos periodos de la Sociedad Internacional de Gastroenterología y veterano consejero permanente de la Organización Mundial de la Salud, sita en Ginebra. La fundación que lleva su ilustre nombre, unido a la investigación, prevención y tratamiento de enfermedades del aparato digestivo, reúne a un conjunto de patronos y colaboradores cuya lista es una muestra de solidaria colaboración ciudadana a una digna causa.