La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

10 Junio 2006

El paraíso de Alaska, de Encarna Jiménez en El Mundo

Parece un milagro que en medio de la gran marea futbolera haya un espacio en el que se cuelen otros mundos. Es el caso de Carta blanca, en La 2 de TVE, que en su segunda entrega nos trajo los paraísos de Olvido Gara, más conocida como Alaska. Hace dos semanas, en el estreno del programa tuvimos ocasión de comentar el interés del encargado a Elvira Lindo, y lo mismo ha ocurrido con el de Alaska, aunque su puesta en escena y su contenido hayan sido diametralmente opuestos.

Posiblemente ésta es la gracia que tiene Carta blanca, la posibilidad de que el escritor o artista elegido pueda enfocar de la manera que quiera la hora y media que se le da; así, mientras Elvira Lindo utilizó las grandes pantallas como documentación fotográfica y desarrolló el programa de manera clásica, alternando entrevistas y actuaciones, en el de Alaska, hubo más conversación compartida, a modo de tertulia, y unos grandes asientos barrocos y lámparas que hacían referencia al mundo de la noche y al gótico marcaban la escena de forma diferente.

La idea de Alaska fue reflejar la creación de paraísos artificiales, y ahí entraban desde los que construyen su identidad sexual, artística o su aspecto. En ese sentido el travestismo, el maquillaje o la transexualidad se hicieron patentes en el programa.

Como no podía ser de otro modo, Alaska hizo referencia, y homenaje, a la gran gurú de los programas rompedores de los 80 que fue Paloma Chamorro con su Edad de oro, algo había de aquello en este especial de Alaska, aunque fueran los grandes pelucones, pero ahora ya no se bebía ni estábamos envueltos en humo. Quizá tiene razón Alaska al decir que todos aquellos paraísos que hacían de la noche su verdadero momento, ahora se han diluido en propuestas pequeñas, apenas perceptibles que se dan de día. Quizá la noche es más aburrida o menos loca ahora y las acciones alternativas no le temen a la luz natural.

Ni siquiera a los museos y, para demostrarlo, estaba Rafael Doctor, actual director del Musac, museo dependiente de la Junta de Castilla y León y que ha llevado a la capital leonesa una apuesta por la modernidad.

El arte, «esa cosa tan abstracta», que diría Rocío Jurado, se puede convertir en operaciones televisadas como en el caso de Orlan o en canciones de las nancys rubias, que saben más de maquillaje que de música.

Alaska, como un testigo activo de los movimientos estéticos desde Kaka de Luxe hasta nuestros días, se atrevió, con la elegancia y la buena educación que ella tiene, a apostar por directores de cine como Manuel Toledano, fotógrafos como Alvaro Villarrubia, o personajes como Arakis y Carmen Xtravaganza para demostrar que todavía hay pequeños paraísos artificiales que se crean en un arranque de creatividad que implica al propio cuerpo, el disfraz o las performances. Quizá ahora ya no se habla de movida, pero Alaska, siempre optimista, apuesta por un mundo creativo absolutamente auténtico, es decir, totalmente artificial.

© Mundinteractivos, S.A.

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