Resulta elocuente que los partidos hayan llegado a extremos inauditos de lucha en ocasión del muy probable fin del derramamiento de sangre por razones políticas en España. Debería ser motivo de confraternización, debería aprovecharse una tan solemne ocasión para enterrar las armas del enfrentamiento sin cuartel, ni razón, ni finalidad. Sucede exactamente lo contrario. No existe el menor peligro de que se llegue efectivamente a las manos - gracias, Europa-, pero creo que puede hablarse en propiedad del inicio de una guerra civil moral y política. Tal vez se inició hace unos años y ahora estamos sólo ante la batalla más dura.

Tal vez, me inclino a creer, todo lo anterior fueron escaramuzas previas, hostigamiento, enardecimiento, incremento del ardor guerrero, para cuando llegara el momento del verdadero inicio de las hostilidades. Lo de estos días es muy bestia, y sorprende hasta al más agorero que hayamos llegado a tales extremos.

"Cuando dos se pelean, siempre es culpa del más inteligente", reza una muy civilizada máxima a la que a menudo vuelvo, pues no estoy muy seguro de su pertinencia. Desde luego, el sinfín de guerras del pasado no fueron siempre culpa del más inteligente, ni siquiera del más fuerte, ni del más tonto. Para que hubiera guerra, ambas partes calculaban que, mediante un sacrificio de intensidad variable o desconocida, podrían sacar gran tajada en caso de victoria, tal vez evitar pérdidas muy sustanciosas en caso de derrota. Sin embargo, en los procesos psíquicos que conducen a las guerras, a las peleas, hay mucho de irracional. Recuerden la única razón plausible de la Primera Gran Guerra, descubierta por Stephan Zweig: Europa llevaba demasiado tiempo en paz, no había recuerdo vivo del horror y el sufrimiento de la guerra. Muchas de las guerras anteriores apenas se notaban en la vida urbana.

Bueno, ¿pues de quién es culpa el desencadenamiento de esta nueva guerra civil en España, guerra de carácter moral, en la esfera política, pero con idéntico espíritu destructivo del enemigo, cueste lo que cueste en las propias filas? Ambos son culpables. No se crean la cara de inocente que pone el PSOE porque es sólo una estratagema típica de un estado mayor militar: frente de propaganda, con la finalidad de cargarse de razón ante los propios, y deslegitimar al enemigo, si es posible desmoralizarlo. El motivo del inicio de las hostilidades a gran escala es, como sabrán, el anuncio de mesa de diálogo entre el Partido Socialista de Euskadi y la izquierda abertzale, es decir, ETA. O sea, conversaciones con vistas a una posible alianza entre la división norte del ejército gobernante y el que hasta el momento era el enemigo común, el único asesino en el plano real. Zapatero ha disparado primero, con el mayor calibre de que disponía, después de que en el debate del estado de la nación declarara que buscaba el acuerdo. Zapatero ha disparado por sorpresa, aprovechando que Rajoy había perdido el debate, que el PP no estaba en condiciones de encajar el golpe. Al revés, que no podía evitar devolverlo. Tal vez dentro de quince días, después de brindar al PP ocasión distinta de desquite, la misma mesa hubiera sido, no aceptada, pero sí protestada sin llegar a la ruptura de los mínimos del consenso. Pero vaya, quién ha empezado tiene poca importancia (lo digo sólo para que no crean que hay culpables e inocentes).

Lo importante es que estamos en pleno fuego cruzado. A Catalunya llega no un simple eco o reverberación, sino el clamoroso estruendo de los cañones. No es tan ensordecedor como en Madrid, pero Déu n´hi doret.Con toda evidencia, y siguiendo asimismo el filo de la historia, casi toda Catalunya se ha puesto del lado republicano, por así decirlo a favor de la mesa. Los nuestros de Burgos son quienes identifican la mesa con la ruptura del entramado jurídico-institucional de la democracia. Son franca minoría. Tanto unos como otros saldremos perdiendo. Ni unos ni otros somos del todo inocentes, ya que ha sido una vez más el pleito catalán el que ha exacerbado los ánimos españoles hasta un punto de casi no retorno. ¿Qué otra cosa podíamos hacer que no fuera resignarnos a la progresiva provincianización? Por lo menos, puede decirse a favor de Catalunya, también hoy como ayer, que nuestros niveles de división interna son irrisorios en comparación con los de España. No por eso deja de afectarnos, y de afearnos, el conflicto.

¿Cómo acabará? Pronóstico reservado. El PP lleva las de perder. Pero no está cautivo y desarmado. El frente mediático es muy fuerte. La moral, elevada. La confianza no mengua. El azar no lo decide todo, pero interviene, a veces sentencia. Si el proceso de paz se tuerce, victoria del PP. Si llega a buen fin, como por ahora parece, derrota de los populares y vuelta cabizbaja al centrismo. Depende de ETA, no de ellos. Vaya regalo que ha hecho España a los terroristas, arbitrar en esa guerra civil política y moral que se ha montado.