Hubo un tiempo que se antoja lejano en que los tranvías llevaban un letrero sobre las puertas de salida en el que el pasajero leía: "Antes de entrar, dejen salir". Los ujieres del Palau de la Generalitat harían bien en recuperar algunos de estos adhesivos y situarlos bajo la puerta principal en esta hora. Yes que la campaña del referéndum del Estatut se está convirtiendo en un gincana hacia la presidencia, donde la pugna no afecta sólo a los cabezas de fila de los partidos catalanes, sino que además los empujones se dan en el seno de la fuerza que hoy gobierna en minoría, es decir, el PSC.
Maragall y Montilla se están disputando el primer puesto en las listas socialistas para las próximas elecciones autonómicas. Su pugna se parece un tanto a la de Super Mario y Luigi en aquel videojuego de Nintendo de los noventa, donde ambos fontaneros formaban equipo pero no siempre avanzaban al mismo tiempo. Pero los dos dirigentes han pactado no hacerse daño, que como todo el mundo sabe es una de las maneras más fáciles de tener un accidente. También han decidido darse tiempo, que es la manera más clara de advertir su falta.
Algunos colegas de Maragall, buscando que Maragall lo deje, le motivan para que se presente. Algunos opositores, jaleando su abandono (Piqué le llamó el sábado "cadáver político") para desmoralizarle, le hacen entrar ganas de demostrarles que este muerto está muy vivo. Montilla, en mitad de la movida, declaró a este diario hace unas horas que, "tras el Estatut, Catalunya necesita firmeza, sosiego, seguridad y ambición". Sólo le faltó añadir que además requiere un presidente con miopía y calva senatorial para acabar de hacerse el retrato robot de sí mismo.
La encuesta del domingo atribuía a Maragall el mayor mérito en la negociación estatutaria y este fin de semana ha tenido un subidón en su gira por comarcas, donde ha sido recibido con evidentes muestras de cariño. Pasqual Maragall va deshojando la margarita como el enamorado que ya tiene la respuesta, así que sería un error que alguien le lanzara rayos gama sobre la margarita porque los efectos podrían ser contrarios a los esperados.
Con su ambigüedad, el president gana tiempo para calibrar el resultado del referéndum y la lectura que hacen los suyos. Además, sabe que Montilla no le disputará el puesto en caso de que nadie le convenza de que es el momento de un relevo generacional en el socialismo catalán. Así las cosas, cuando Maragall deja abierta por primera vez la posibilidad de la gran coalición y se olvida de las alabanzas al tripartito, es que Super Mario piensa que aún queda partida.

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