Zapatero y la memoria selectiva: el `revival´ del PSOE sobre los tratos de Aznar con ETA, de Antonio Casado en El Confidencial
Vale, hagamos memoria. Primero, el muy socialista “Que pierdan toda esperanza” (Felipe González). Luego, la política de firmeza del Gobierno Aznar (derrota policial y judicial). Esas fueron las respectivas conclusiones del PSOE y del PP tras los también respectivos intentos de desactivar a ETA por las buenas (Argel 88 y Suiza 98).
Y entonces, atención, los dos grandes partidos nacionales decidieron sindicarse para blindar al Estado contra el chantaje de la banda terrorista, cuando Zapatero ya era secretario general del PSOE y con su expresa colaboración. Esa es la secuencia correcta. Ahí estamos. O ahí estábamos hasta hace unos meses.
En el Senado, Zapatero volvió a recurrir a la memoria para reclamar el apoyo incondicional del PP en un nuevo intento de acabar con ETA en una mesa de negociaciones. Si lo intentó el Gobierno Aznar, yo también tengo derecho, dice. Y luego, la hemeroteca, un ‘revival’ de declaraciones de Aznar y sus ministros diciendo y haciendo lo que ahora escandaliza si lo dice o lo hace el Gobierno socialista.
El argumento es intelectualmente pobre. O deshonesto. No encaja la simetría argumental para situaciones distantes que el mismo paso del tiempo hace distintas. Aunque sólo sea por acumulación de experiencia como fuente de conocimiento. Y nunca mejor traído lo de aprender de los errores ¿Se imaginan que un eventual Gobierno del PP volviera a la guerra sucia y, una vez pillado en falta, alegase que también lo hizo el PSOE y eso le da derecho a intentar acabar con ETA por las malas? Están las leyes, se dirá. Exacto, de eso se trata, de cumplir las leyes, entre otras cosas.
Escaso debe andar Zapatero de razones si se extravía en ese obsesivo recurso al método de la comparación. Quiere convencer mirando al tiempo en que Aznar trató con ETA sin que el PSOE le hiciera la vida imposible, pero tiene poco que ver. De momento, el PSOE era un partido en bancarrota política. En todo caso, la cobertura de aquel intento negociador, al hilo de una tregua inducida en el hábitat del nacionalismo vasco, carecía de horma legal específica. Ahora sí existe ese blindaje del Estado de Derecho. Y ese es, a mi juicio, el elemento que hace radicalmente distinta la situación de 2006 respecto a la de 1998.
La Ley de Partidos Políticos y la sentencia del Tribunal Supremo declarando ilegal a Batasuna, con implicación de los tres poderes del Estado (Gobierno, Parlamento y Poder Judicial), más el Tribunal Constitucional, forman parte de la legalidad y son obligatorias, como el Código Penal o la Ley General Penitenciaria, por citar dos normas genéricas pero igualmente aplicables a la cuestión que nos ocupa.
También existe horma política: el Pacto Antiterrorista y una resolución parlamentaria (mayo 05). Obliga de aquella manera, pues la dinámica política es cambiante y se desarrolla en función de intereses de partido. Pero conste la existencia de un blindaje político específico como otro elemento que desautoriza la comparación de lo ocurrido en el 98 con lo que está ocurriendo ahora.
