Se puede negociar con Irán. Esa es la impresión que han transmitido las crónicas de las que hasta George Bush ha considerado "positivas" reacciones de los portavoces oficiales iranís a las propuestas de las grandes potencias que Javier Solana ha llevado a Teherán. Pero ningún diario se ha atrevido a hacer previsiones, como si todos temieran que el contencioso aún puede derivar hacia cualquier parte. Con todo, y a pesar de la polisemia de la iniciativa, la decisión de la Casa Blanca de sumarse al carro de los negociadores europeos se sigue considerando un giro sustancial de la política exterior norteamericana. Prosigue igualmente la incertidumbre en torno a cómo se resolverá el conflicto abierto entre las principales facciones políticas palestinas. El presidente palestino ha decidido ampliar el plazo de su ultimátum a Hamás, pero la amenaza del referendo sigue en el aire y parece que solo algún gesto por parte de los islamistas podría desbloquear la situación.
Y de Irak no dejan de llegar malas noticias. Esto ha dicho David Ignatius en THE WASHINGTON POST: "El proyecto estadounidense sigue atascado. ... Esto me ha escrito esta semana un amigo norteamericano desde Irak: 'La guerra civil arrasa en Bagdad, mientras el nuevo Gobierno, todos sus ministros, la coalición y la cuantiosa burocracia de nuestra embajada siguen encerrados en la Zona Verde", es decir, en los barrios de la ciudad que los extraordinarios dispositivos de seguridad hacen inaccesibles a los insurgentes. Aún más terrible es lo que ha asegurado el director de AL-QUDS AL-ARABI, Abdelari Aguan: "Nada avanza en el nuevo Irak, salvo la corrupción, la muerte y la dilapidación del dinero público a la luz del día. Irak es testigo de la mayor operación de latrocinio de la historia. No hay clase media en el nuevo Irak. Solo hay dos clases de iraquís: los que pertenecen a la Zona Verde y los de la zona maltratada, es decir, todos los demás. De la primera forman parte los antiguos opositores a Sadam Husein, que se han enriquecido con la guerra, los que chupan la sangre al pueblo iraquí, los que se someten al proyecto de fractura, muerte y destrucción de Estados Unidos".
No menos pesimistas han sido las conclusiones del artículo que David Brooks ha escrito en THE NEW YORK TIMES y que LE MONDE reproducía en su edición del miércoles: "El multiculturalismo norteamericano acusa un claro declive desde hace años y un nuevo pensamiento de izquierdas domina el Partido Demócrata. Hay múltiples explicaciones. Primero, los grupos identitarios se han fosilizado. Las organizaciones feministas actuaron de forma totalmente hipócrita durante el asunto Lewinsky. ... Los movimientos por los derechos cívicos no son más que la sombra de sí mismos. Segundo, los demócratas han comprendido que si quieren volver a ser el partido mayoritario, deben mostrarse menos atentos a las minorías y más a la clase obrera blanca. Tercero, el dinamismo intelectual de la izquierda ha quedado restringido al ámbito de los economistas. ... Y cuarto, y aún más importante, los atentados del 11 de septiembre han hecho que nazca un sentimiento de solidaridad nacional que ha desacreditado el tribalismo de los 'multiculturalistas'. ... Se refuerza el nacionalismo norteamericano de izquierdas. ... Los demócratas se están deshaciendo de los últimos vestigios de la New Left".

Escribe un comentario