La serpiente se come a la rosa; cientos de cayucos dejan tirados en la arena, a merced de los alimoches, a los supervivientes del genocidio del mar; la cruz invertida de Satanás, marca de la bestia, se aparece en las regiones de los demonios. Los siete sellos eran seis millones de primos; siete constructoras, las siete hermanas de la oligarquía financiera; los políticos locales, dragones de la recaudación.

Aviso a los periodistas de investigación: el demonio, que nunca duerme y que tiene fuerza para deshacer, mudar y pudrir las cosas, se ha hecho presente en el cenagal en que vivimos; ha asomado el tridente por un pozo del desierto de Seseña, donde se cumple la profecía: no hay obra sin la colaboración del maligno. Al diablo no le gusta que le griten, así que hablemos en voz baja para contar que la última hazaña del pocero ha sido llevar, con la ayuda del segundo de Esperanza Aguirre, el agua del Canal de Isabel II a esas Vegas, sin sibilas, pero con mafiosos, el proyecto de la Babel bipartidista, una ciudad muda sin escuelas, ni hospitales, ni tanatorio.

El diablo surgió de los colectores, donde navega por las cloacas de la política; antes flotaba a nuestro alrededor, con el sonido del acordeón, con su aire impalpable, pero ahora huele como esos subterráneos llenos de anillos y de cocodrilos blancos. Satán se ha trasmutado en un maletín con forma de tiburón y transita por la Red, enviándome sumarios por e-mails, e incluso llama a la puerta, para entregármelos en mano. Le veo el rabo al irse, en la moto.

En estos días de la bestia, en pleno tsunami del ladrillo, cerca al Estado; las siglas esconden sociedades de dinero negro; llegarán las denuncias a las fiscalías y se las comerán las ratas de las cloacas. De cinco candidatos a las elecciones al Real Madrid, dos están reclamados por la Audiencia Nacional o figuran en denuncias que llegan a la Fiscalía Anticorrupción. Se me acumulan los sumarios. El de Recold, donde se imputa a uno de los aspirantes a la Casa Blanca en los delitos de estafa y maquinación para alterar el precio de las cosas. A 7.554 familias les guindaron 30 millones de euros con falsas inversiones en la Red. Los otros sumarios nacen en el pozo de Seseña. El humo del infierno oscurece el templo de las leyes, pule gobiernos y hace a los tránsfugas remendonos del gran consenso.

El pozo es la imagen del infierno. «Concédeme cualquier muerte menos la del pozo», exclama Poe en su cuento de paredes lisas, húmedas y frías, su olor a carne humana y ácido sulfúrico. El diablo asomó por su gruta de Seseña en una frontera donde la cloaca es ya el sistema. Lo decíamos ayer, vivimos una corrupción coronada y el dinero negro llega desde los pozos de Seseña a las torres florentinas, más arriba de la Plaza de Castilla.

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