La inexplicable deserción de Isabel García Marcos del PSOE y la extraña alianza con sus eternos enemigos para derrocar a Julián Muñoz, el ex alcalde de Marbella, después de que éste llegara a un acuerdo con la Junta de Andalucía en materia urbanística, resultan, cada día que pasa, menos inexplicables.
Las relaciones de García Marcos con personas clave en los intereses económicos de Marbella, algunos inconfesables, a través de la fundación que preside empiezan a dar luz a uno de los episodios más tercermundistas de la democracia española. Detrás del folklore rancio de peineta y bata de cola, de los escándalos diarios, de las apariciones en los programas más zafios de la televisión, de una moción de censura con olor a dinero, comienzan a emerger los protagonistas de la trama, los que han movido los hilos de unas marionetas cegadas por el poder y otras mezquindades.
El magnate británico Judah Binstock, acusado por el diario El Mundo e investigado por la fiscalía como el patrocinador de la moción de censura que destituyó a Julián Muñoz, es uno de estos protagonistas. Pero su socio, al que no le gusta nada la publicidad, Engelbert Schreiber, es una pieza clave en la conspiración que se dio en Marbella en el mes de agosto para que la moción de censura en el ayuntamiento devolviera el brillo a los ladrillos y los eriales fueran de nuevo fructíferos terrenos.
Este turbio abogado de cuello blanco y dudosos propósitos ha sido acusado por EEUU de blanquear dinero de Al Qaeda en el paraíso fiscal de Liechtenstein, donde tiene su despacho profesional. Este hombre se esconde tras los intereses que circundan la moción de censura.
Los dos personajes -Schreiber y Binstock- tienen relación con la Fundación Plan Innovación de Marbella y la concejal tránsfuga a través de los hermanos Salinas: Rafael Salinas, asesor de García Marcos y “presidente de hecho de la fundación”, según ha manifestado el ex secretario de Plan Innovación Jaime Olcina; y José Miguel Salinas, hermano de Rafael, ex vicepresidente de la Junta de Andalucía y hombre de confianza de Judah Binstock desde que, en 1998, obtuvo la concesión del Casino de Sevilla, paralizada tras un recurso de UGT, por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía.
Telemar [una emisora local] ha comprobado la relación entre la fundación que preside la tertuliana de Crónicas Marcianas Isabel García Marcos y todos los personajes que necesitaban que las cosas siguieran como estaban para que sus intereses y planes no se truncaran.
Judah Binstock y el negocio de los Casinos
Judah Binstock, magnate inglés de origen judío, es el presidente de la sociedad Gran Casino Aljarafe, que pretendió adjudicarse el Casino de Sevilla. Un empresario con excelentes relaciones con el socialismo andaluz, Manuel Domínguez, también forma parte de la mencionada sociedad. Domínguez está vinculado, a través de las sociedades Trámite y Derecho Economía Legal, Club Zaudín y Aljarafe Golf con Rafael Salinas Moya, el asesor y mano derecha de Isabel García Marcos en la Fundación Plan de Innovación de Marbella.
Binstock opera en España mediante la sociedad Corporación Nueva Marbella SA (CNM), partícipe de Ocio y Valores, donde vuelve a aparecer el empresario Manuel Domínguez.
Engelbert Schreiber, el socio de Binstock, es un abogado que ejerce en el frío paraíso fiscal centroeuropeo de Liechtenstein y que es consejero de la corporación. Pero el círculo se cierra con un guiño casi juguetón del entramado financiero: CNM tiene un socio único, que es la sociedad HIA Inversiones AG con sede en… Liechtenstein.
Engelbert Schreiber tiene en el Registro Mercantil de Málaga la misma dirección que el despacho Schreiber & Zindel y que el Engelbert Schreiber que aparece en la demanda de responsabilidad civil por los atentados del 11-S: Kirschstrasse 39- 9400 Vaduz- Liechtenstein.
Vinculaciones con Al Qaeda y Sadam Hussein
Telemar ha tenido acceso a la demanda civil interpuesta en el distrito de Columbia contra Schreiber padre y Schreiber Jr. En el pliego de acusación (FBI) se asegura que, en función de los propios informes del Gobierno de Liechtenstein, el señor Schreiber, su despacho e incluso Engelbert Schreiber Jr. están implicados en el lavado de dinero de Al Qaeda y de la familia de Sadam Hussein, dinero que se obtenía bajo la tapadera del programa de Petróleo por Alimentos de la ONU.
La acción civil se emprende contra los Schreiber porque se les considera testaferros o fiduciarios de Al Qaeda, la familia Hussein y el anterior régimen iraquí, por lo que interesa el embargo de sus bienes para cubrir los daños del 11-S.
Judah Binstock tiene varios millones de metros cuadrados de terreno en Marbella; la mayor parte de sus propiedades inmobiliarias fueron recalificadas en la revisión del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de 1998. Schreiber fue nombrado consejero en la sociedad Corporación Nueva Marbella, en diciembre de 1998, y cuatro meses más tarde entró como socio único HIA inversiones AG. En mayo, la Comisión Provincial de Urbanismo de la Junta de Andalucía acordó rechazar la revisión presentada por el Ayuntamiento de Marbella y retrotraer todo al PGOU de 1986. La Junta paralizaba los negocios de Jesús Gil, de Binstock y los intereses de Schreiber.
Julián Muñoz anunció no recurrir esta decisión y una semana antes de la moción de censura, presentada el 1 de agosto de 2003, se reunió con el delegado de Obras Públicas y con la responsable del área de urbanismo para anunciarles que en lo sucesivo el Ayuntamiento de Marbella acataría la legislación vigente en materia de planeamiento urbanístico.
Esta decisión supuso que los terrenos de Binstock dejaran de ser urbanizables y, aún peor, podrían no llegar a serlo nunca.
Cristóbal Toro. Autor del libro Saqueo de Marbella. Las agendas secretas de Roca, de próxima publicación.

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