LA APLICACIÓN de la ley genera un beneficio social que está por encima de los perjuicios concretos que puede producir. El simple ingreso en prisión de un padre de familia que, en su lejana juventud de drogadicto, robó mil pesetas en un bar, suele levantar importantes protestas de los vecinos -hechas con el corazón y no con la cabeza- que la ley no puede atender. Y por eso se percibe la sensación de profunda contradicción entre el necesario orden social y el grave quebranto del interés personal que los jurisconsultos romanos resumieron en una de las frases más citadas de la historia: dura lex, sed lex . La ley puede ser muy gravosa, pero es la ley.

Desde otra perspectiva muy distinta, que es la de los politólogos, he defendido la necesidad de parafrasear el mismo apotegma para ponerlo en los escudos de las facultades: dura realitas, sed realitas . La realidad puede ser muy dura en su contemplación y en su gestión, pero es realidad. Y por eso no vale de nada describirla como no es, hacer silogismos con sus efluvios, o confundir las voluntades con los hechos. La realidad es la realidad, y sólo ella constituye la materia de qua de la política.

En términos positivos podríamos aplicar este principio a las promesas hechas por Zapatero de traer a Galicia, a partir de 2007, el 8 % de las inversiones del Estado. Tal propósito puede formularse con total sinceridad, y figurar formalmente en los presupuestos generales del Estado. Pero la realidad hace materialmente imposible invertir en el Finisterre esa cantidad, acelerar las obras al ritmo necesario, y mantener los consiguientes equilibrios inversores en el conjunto del Estado. Por eso se quedan en agua de borrajas todos los planes Galicia, todas las promesas electorales, todas las demandas de abaixofirmantes y todas las gestiones hechas por los colegios profesionales, asociaciones cívicas y próceres innúmeros que no parten del principio de dura realitas, sed realitas .

En términos negativos, es evidente que el diálogo abierto para la extinción de ETA y la reconducción del nacionalismo aberzale a los cauces democráticos tiene que partir de la realidad social y política del País Vasco, y no de una descripción voluntarista de esa realidad -«Batasuna no existe, y es lo mismo que ETA»- que trae causa de la ley de partidos. Que en uno y otro tema nos movamos en un contexto tan contradictorio que a unos les hace ver el día y a otros la noche, y que tengamos la sensación de vivir en Babelia, es consecuencia de haber olvidado que el principio dura lex, sed lex tiene su correlato político en este otro dicho que me acabo de inventar: dura realitas, sed realitas . Lo demás son supercherías.