No sé si estamos en un punto de no retorno. Quiero creer que no. La política no es monólogo ni descalificación sistemática del adversario que es considerado enemigo mortal. El drama de nuestra historia es el fracaso de la moderación, del punto medio, de la razón dialogando con la pasión.

Las ideas ajenas no son malas, en todo caso, porque sean ajenas sino porque sean malas en sí. No pueden convertirse en un obstáculo para imponer las propias ya sean del progreso, de la unidad de la patria, de la religión o de la lucha de clases.

Si en la lucha contra el terrorismo hay que cambiar cuando las izquierdas la protagonizan o cuando es la derecha la que gobierna, es que en una cuestión tan importante se está haciendo política y no se procura acabar con la violencia que quiere no socavar la autoridad del Estado.

Habíamos convenido que el terrorismo no sería una cuestión partidista. Ahora lo es. El presidente Zapatero intenta poner fin a la violencia de la misma manera que lo hicieran Aznar, González y Suárez. En este tema había diferencias, debates acalorados, pero, finalmente, se dejaba en manos del gobierno de turno que actuara en nombre de todos.

Incluso cuando en tiempos de González el Estado no respetó la ley e intentó con una violencia ilegítima acabar con el terrorismo que además de ilegítimo era criminal. Fue un error que el gobierno socialista pagó con la derrota en las urnas.

En el debate sobre el estado de la nación parecía que se había pactado orillar el debate sobre cómo se podía acabar con el terrorismo. El pacto no duró ni veinticuatro horas. Primero salió Ángel Acebes equiparando el plan del gobierno con el plan de ETA.

Hoy ha sido el propio Mariano Rajoy quien ha roto toda relación con el gobierno si las reuniones entre los socialistas vascos y Batasuna siguen adelante. Rajoy denunció al gobierno de mentir a los ciudadanos y de romper la ley de partidos que había dejado fuera de la ley a Batasuna.

Es muy difícil acabar con ETA si la mitad aproximada de los españoles no respetan la política del gobierno. Aznar puso en marcha una política en contra de ETA que dio resultados. Pero creó también una resistencia en el nacionalismo vasco y en el catalán, y también en sectores amplios de la sociedad española, que sólo había una única manera de combatir y acabar con los etarras.

Era tal el empeño de Aznar de acabar con ETA con su política legal y policial que los atentados del 11 de marzo en Madrid se perpetraran sin que todavía el Partido Popular haya reconocido que ETA no estaba directamente relacionada con aquella terrible matanza. El PP, de hecho, sigue con su idea de que fueron los atentados de Madrid los que le echaron del poder.

Zapatero derrotó a Rajoy en el debate sobre el estado de la nación. Todos los demás partidos votaron o apoyaron al gobierno en su determinación de abrir un diálogo con ETA. El Partido Popular no ha aceptado esta salida. Y planta cara a Zapatero rompiendo las relaciones.

Zapatero va arrinconando a Rajoy con la idea de ganar las próximas elecciones de forma rotunda. Pero en política el futuro no existe. Sólo nos manejamos con el presente. Y el presente indica que ETA quiere acabar con la violencia pero sin dar la razón al Estado y partiendo de la idea de que su causa, con mil muertos sobre la mesa, ha sido justa.

No sé cómo va a terminar este proceso. Pero será difícil que se llegue a buen puerto si el pacto, en un sentido amplio, no incluye a la gran mayoría de fuerzas políticas. El hecho es que ETA no mata desde hace tres años. Y parece que no quiere volver a asesinar. Pero, ¿y si alguien descontrolado quiere romper la política del gobierno y un ETARRA actúa por su cuenta y rompe la relativa confianza de pacificación?

Pienso que vale la pena intentarlo. Aunque sea sin tener todos los puntos cerrados. El PP no quiere jugar esta partida. Zapatero tendrá que emplearse a fondo para convencer a sus adversarios de que también esta iniciativa puede llegar a buen puerto.

El debate está demasiado caliente, habría que enfriarlo, moderar los gestos y las palabras, buscar el bien de la sociedad española y olvidarse de un pasado que ha sido tan doloroso y tan horroroso para tantos.

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