La entrada del presidente Zapatero a la conquista de las tierras estatutarias, montado en el caballo de Atila del micrófono de Antoni Bassas y de la cámara de Mònica Terribas... Pero aquel huno embestía de lleno y entonces quien se le parecería más sería Aznar si no fuera tan correosamente endomingado. Mientras, Zapatero es evangélico, quiero decir astuto cual la serpiente, y muchos además le tachan de volátil. Cierto, lo demostró en sus amables respuestas a la RTVC. Pero resulta más reconfortante que muchos otros políticos, cual Carod en sus vociferaciones y Maragall en sus copiosas dialécticas. Zapatero al menos no inquieta ni comete pifias de relieve. Porque lo de haber prometido un Estatut según saliera del Parlament no cuela, incluso el presidente no podría prometer algo semejante, ni él ni nadie puede usurpar los debates y decisiones del Congreso. Además, aquella fue una licencia también evangélica, o sea, de un oportunismo de la estampita, que pilla a los que se creen los listos. No seamos demasiado hipócritas.

Eso como cuando un montón de políticos, patriotas y articulistas de todo pelaje van diciendo que el Estatut que votaremos no es el que desearían, pero que a la fuerza ahorcan. Porque éste es el Estatut que sabían sin excusa que saldría cuando lo armaron, en sustancia no podía haber otro, el Parlament es subsidiario del Congreso. Aquí somos tontos o cucos. Aunque ignoro lo que resulta peor, pues cuquería, astucia, fariseísmo pueden dar un provecho táctico, pero a la larga el lío es enorme. El ejemplo más claro ha sido ERC con su triple y estruendoso fracaso en la política de Madrid, en el Govern catalán y en el ámbito del catalanismo al empujarlo a otra frustración mientras entregaba la Generalitat al socialismo español. Y esto con otro posible traspié en puertas: si la corriente crítica o pirenaica o filistea del partido no organiza una controversia interna que aclare las cosas y las personas, que defina un futuro factible y coherente, ERC no saldrá de una situación tensa y cerrada, al fin marginal y así perjudicial para Catalunya.

Controversia que en el PSC se produce en torno a la sucesión de Maragall, lo que supone un obvio rechazo a su gestión. Aunque el president farisaico no lo sea, incluso cada nueva declaración suya resulta interesante y aguda... por separado de las otras. Lo que falla es cuando se enhebran todas y se insertan en la realidad circundante, pues entonces la cosa chirría y estalla contradictoria.

Maragall es inteligente pero circunscrito, sería como san Jerónimo un visionario Padre de la Iglesia si, al igual que él, se aislara en la Tebaida.