En las últimas semanas hemos vuelto al pesimismo castizo o sentimiento trágico de la vida de los que dicen que es mejor no nacer y, si se nace, que no sea en España. Nos avisan de que están cerrándose las salidas de eso que ya casi nadie se atreve a llamar proceso de paz. No sólo es Mariano Rajoy el que dice que José Luis Rodríguez Zapatero es un cantamañanas y que prefiere ETA al PP, sino que compañeros de la vieja guardia del PSOE muestran su pavor a que ETA gane la guerra sin ni siquiera tener que dar tiros en la nuca.
Decía yo pesimismo castizo, pero también podría aludirse al pesimismo griego, ese que confunde el futuro con la adversidad, aunque en el bello poema de Kavafis se dice que «lestrigones, cíclopes y encrespado Poseidón, /no los encontrarás a menos que tu pensamiento/ los haya albergado y los haga emerger»; Kavafis nos explica que no hay que temer a las catástrofes porque nunca llegarán tales y tantas desgracias como nos anuncian, si los pensamientos son altos. Adolfo Suárez hizo una traducción libre en la Transición: «El único miedo que nos debe asaltar es el miedo al miedo mismo».
En las últimas semanas se desconfía de la capacidad de Zapatero para salir vivo de la gruta de las víboras; lo ven insuficiente.Cuenta Marx que la guerra de clases en Francia creó circunstancias que hicieron posible que una mediocridad se exhibiera solemnemente con atuendo de héroe. No me refiero a Napoleón, sino a Luis Bonaparte; así que no consideren que comparar a Zapatero con Luis sea un acto de adulación o delirio hiperbólico; si lo igualo con Napoleón el pequeño, es para intentar convencerles de que tal vez estemos ante una mediocridad, un iluminado, un arbitrista, pero es a él al que le ha tocado interpretar y negociar un inmenso deseo.
Los que amamos las palabras como si fueran muchachas, notamos que en los últimos días y en relación con ETA el presidente no emplea, como antes, las parábolas con enseñanzas morales y democráticas, ese galimatías de zumo lírico y verborrea baladí; ya ha aprendido el arte mayor de la política, que consiste en usar un argot de eufemismos y paradojas, frases absurdas y contradictorias, expresiones extrañas, opuestas a la opinión general. Se está fajando con la mayoría silenciosa, con la minoría del estrépito, con su propio partido. Están todos con él que muerden.
También hay quien piensa que Zapatero encarna nada menos que el espíritu de su tiempo y conecta con el envilecimiento de la mayoría de una sociedad que aspira a la paz, aunque esté muy mal vista. Es muy posible que Zapatero ya haya alcanzado, tal como sugirió Ortega la dureza de piel. Lo importante no son sus palabras en el telediario, ni los pañuelos verdes del siete nacional, sino que cumpla el papel de protagonista que le ha asignado la Historia, para encarnar el poderoso deseo de su tiempo.
© Mundinteractivos, S.A.

Escribe un comentario