¿Qué hacemos ahora con la bomba de relojería que han montado estos sinvergüenzas en los astilleros de Gijón?, del Editorial en El Comentario
Los dos astilleros que sobreviven en Gijón a los avatares de la crisis industrial y a la presión urbanística inducida desde el Ayuntamiento de Gijón, Sogepsa y el propio Principado de Asturias, Izar y Naval Gijón, son los dos últimos centros dedicados a la construcción naval, que se mantienen aún activos, de lo que fue aquella pujante industria que empleaba a decenas de miles de personas en la bahía gijonesa que Vicente Álvarez Areces tranformó en fachada playera, a pesar de tratarse de un lugar totalmente inadecuado como zona de baños, por tratarse de aguas portuarias en las que no se puede meter un pie sin sacarlo descarnado por la corrosión, dado el altísimo nivel de contaminación de unas aguas estancadas, en las que los buques vacían libremente el contenido de sus calas cada vez que maniobran para entrar y salir, con sus cargamentos de mineral de hierro, carbón y cemento, que es lo único que se mueve en esas enormes instalaciones.
Los astilleros ya están vistos para sentencia, en manos del mismo conglomerado creado desde la administración
La antigua Juliana Constructora Gijonesa -hoy Izar- y lo que queda del Dique Duro Felguera y Marítima del Musel -Naval Gijón-, son hoy dos astilleros arrinconados, en manos de un extraño conglomerado de empresas con un nexo común: la compañía de Vigo Factorías Vulcano.
Factorías Vulcano es la compradora de Izar, el astillero público de la SEPI en Gijón, y a su vez, Vulcano es también miembro del grupo de empresas extrañamente agrupadas bajo el nombre de Astilleros Asturianos S. L., que es la propietaria de Naval Gijón. Y si decimos que tal agrupación es cosa extraña, lo decimos por un motivo muy claro, pues ni Vulcano, ni Barreras, ni Freire, ni Astilleros de Huelva, ni Balenciaga, ni Zamakona -accionistas de Astilleros Asturianos-, tienen nada que ver con Asturias, salvo que la la entidad pública PYMAR, creada para gestionar la reconversión del sector naval, les adjudicó la gestión de Naval Gijón, después de haber comprado el solar a una fantasmal empresa en extinción, a la que pagó 30 millones de euros, para solicitar inmediatamente al Ayuntamiento de Gijón la recalificación de esos terrenos, para transformarlos, de suelo industrial a suelo urbanizable. Sucedía esto en abril del año 2004, un mes después de las elecciones generales.
Areces creó una playa absurda delante de cada astillero y los urbanizó por detrás
Delante de Naval Gijón, Areces creó la llamada Playa de Poniente. Ahora, el acuerdo firmado entre la SEPI y los dos sindicatos mayoritarios, CCOO y UGT, contempla también la transformación en suelo urbanizable del otro solar, el de Izar, a su vez situado detrás de otra playa, que como Poniente, tampoco es apta para el baño, El Arbeyal, también creada artificialmente por Areces, a la vez que la de Poniente. Una playa inútil, creada delante de cada uno de los dos astilleros supervivientes. ¡Qué asombrosa simetría!
¡Cómo no recordar los tiempos en los que el entonces gerente de Sogepsa, Agustín Muñiz, abogado y accionista de El Comercio de Gijón, inició el proceso de creación de la urbanización de la amplia zona situada detrás de las dos playas que creó Areces delante de los astilleros!. Muñiz, que actuó en Sogepsa en un perfecto entendimiento con Areces, hacía aquella visita, acompañando a los ejecutivos del Grupo Progea para echar un vistazo a los astilleros de Naval Gijón, donde se encontró al dirigente de la Corriente Sindical de Izquierdas, Manuel Martínez Morala, en una visita con fotógrafos de prensa, en la que Muñiz explicaba a los promotores -sólo mucho después nos enteraríamos de sus vinculaciones con Izquierda Unida- lo bonito que iba a quedar todo aquello, a pesar de la presencia de las enormes gruas de Naval Gijón, lo que motivó unos irónicos comentarios de Morala, sobre la necesidad de recoger la ropa de los tendales de las entonces futuras viviendas de lujo, cada vez que en los astilleros se pintase un barco en días en los que soplase el "viento gallego".
En la urbanización de Poniente se compró la complicidad silenciosa de Izquierda Unida
El artículo que publica hoy en Colaboradores El Moscón de la Troncada -seudónimo que utiliza para sus colaboraciones en El Comentario TV un dirigente histórico del sindicalismo asturiano-, pone al aire las vergüenzas de la clase política y sindical, ante el denigrante, perverso y cínico proceso especulativo con el que se desmantela poco a poco ese sector industrial residual: un colectivo de trabajadores con tan épica lucha no puede tragar el engaño. Aceptarían mejor que se les hablase claro desde un principio. Se empezó pidiendo el traslado de los astilleros al Musel, está de moda el puerto para buscar soluciones de políticos, para dejar los solares disponibles y como no se aceptó se buscó la quiebra/liquidación bajo la “promesa” de la recolocación de los trabajadores. Vamos que la ansiedad del pelotazo urbanístico azuza a los políticos. Que si Marbella…que sí Llanes…que si Gijón…que si la costa…., que si “aquí no pasa nada” dirán algunos…y la realidad es que unos pocos, en boca de todos, se están enriqueciendo a espuertas sin que bastantes de su entorno se enteren y sigan haciéndoles el juego.
Los trabajadores del sector naval salen hoy en manifestación por las calles de Gijón, desde su encierro en el buque Juan de la Cosa. Piden algo que ahora ya, a la vista de la configuración urbanística de la zona, parece casi imposible: la continuidad de los astilleros. Y esa continuidad parece imposible, porque las administraciones públicas que han intervenido allí a lo largo de estos años, con enormes inversiones encaminadas al desarrollo de astronómicos negocios inmobiliarios, se han encargado de lograrlo, al haber llenado aquello de lujosos edificios de imposible convivencia con la industria. El problema es gravísimo, y difícilmente se puede echar la culpa a nadie, de la situación creada, como no sea a los responsables de una operación que se ha desarrollado, con una planificación maquiavélica, a lo largo de los años. Como recordábamos en el editorial de ayer, ¡esos responsables tienen nombres y apellidos! ¿Y ahora qué hacemos con la bomba de relojería que han creado allí estos perfectos sinvergüenzas?
