Tocaba campaña de perfil bajo. Para todos menos para los socialistas, claro. Y es que ayer se produjo el primero y más esperado de los desembarcos del secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en la campaña del referéndum del Estatut del próximo 18 de junio.
Con ZP de por medio -aunque sea en Lleida-, tanto el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, como el primer secretario del PSC y ministro de Industria, José Montilla, estaban condenados a un triste papel de teloneros. Así que el resto de los partidos, como tenían claro que su audiencia no iba a llegar ni a la de los documentales de La 2, apenas se preocuparon de programar grandes actos.
El presidente de CiU, Artur Mas, la principal fuerza de la oposición en Cataluña y covencido de que será el presidente de la Generalitat tras las elecciones previstas para el próximo mes de noviembre, se tomó el domingo libre. Al fin y al cabo, la sola presencia de Zapatero era campaña más que suficiente para los partidarios del sí.
Eso sí, el presidente del Gobierno tenía que marcar distancias con su referente del pasado, Felipe González, responsable, entre otros, de la Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas (LOFCA) de ingrato recuerdo en Cataluña. De ahí que el eje central del discurso de ZP es que él no piensa «racanear» con el nuevo Estatut.
Los que sí mantuvieron su agenda, a pesar de la presencia estelar del presidente del Gobierno en tierras catalanas fueron los dirigentes de las formaciones partidarias del no. El presidente de Esquerra Republicana, Josep Lluís Carod-Rovira, que aunque jugaba en casa, en Tarragona, no tuvo una audiencia masiva, se mostró como la doliente víctima de una traición. El traidor no era otro que el presidente del PNV, Josu Jon Imaz, que el sábado se retrató junto a Artur Mas para pedir el sí al Estatut. Los de Esquerra van camino de convertirse en unos cornudos perpetuos -primero, Zapatero los abandonó por Mas, y ahora lo hace Imaz-. Lo peor es que siempre les abandonan por el mismo rival.
Mientras tanto, Josep Piqué, de nuevo en solitario, se pateaba el Rocío de Montcada i Reixach a la espera de la llegada a Cataluña de los pesos pesados del PP. Hoy llega Esperanza Aguirre, y el martes, Alberto Ruiz-Gallardón y Francisco Camps.
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