No podemos quejarnos de que la semana pasada haya sido esteril desde el punto de vista informativo. Y no nos referimos al acontecimiento que más portadas, reportajes fotográficos y ediciones especiales ha suscitado. Cada cual lo puede ver de diferente manera, pero desde Euskadi resulta chocante que la muerte de una folklórica haya despertado tantas y tan desmesuradas pasiones con ocasión de su fallecimiento. Es otra razón por la que manifestamos no entender a España.

El acontecimiento al que nos referíamos ha hecho pasar a segundo plano todo lo sucedido en relación al proceso de paz y normalización en Euskadi que, nos alegramos de manifestarlo, parece definitivamente encarrilado. Y no lo decimos solamente porque los mahaikides de Batasuna no hayan ingresado en prisión tras comparecer ante el juez Grande-Marlaska.

Si algo hay que destacar es que los socialistas han dado muestras de querer mover ficha. La actitud del fiscal (dependiente jerárquicamente del Gobierno) de no pedir el ingreso en prisión ni fianzas a los encausados no es nueva. Que el juez haya hecho caso de los requerimientos del fiscal da pie a pensar que el acoso judicial contra Batasuna puede tocar a su fin en breve plazo.

Pero no ha sido éste el único acontecimiento reseñable. Patxi López ha hecho pública su voluntad de reunirse oficialmente con Batasuna. Estamos absolutamente convencidos de que ha habido cantidad de reuniones oficiosas, discretas y hasta secretas entre miembros de una y otra formación. Esta voluntad de oficializar las reuniones no puede sino ser vista con esperanza por quienes queremos ver normalizada la vida política de nuestro País.

Pero como no podía ser de otra manera, el proceso de paz y normalización no consta solamente de reuniones y juzgados. Aunque no se atrevan a reconocerlo en público, los partidos y agentes políticos dan por superada la fase de la violencia y se preparan para el día después. Y así lo hizo el presidente del Gobierno español Zapatero durante el debate sobre el estado del Estado.

Por una parte, dejó claro el líder socialista que no había resquicio legal que permitiera recoger la capacidad de decidir del pueblo vasco, al que calificó de mítico, en el actual ordenamiento jurídico. Lo decíamos la semana pasada a cuenta de unas declaraciones de Josu Jon Imaz y, por desgracia, lo confirmó Zapatero unos días más tarde. Queda claro el aviso para navegantes por si alguien piensa todavía que los socialistas van a admitir el derecho a decidir o siquiera permitir su materialización por medio algún resquicio legal.

Pero aún hay más. Ha sido curioso escucharle a Iñigo Urkullu hace unos días pedir a socialistas y batasunos que retiren los obstáculos que impiden la puesta en marcha de la mesa de partidos. Esta misma semana Zapatero en sede parlamentaria admitía que la mesa de partidos podía ponerse en funcionamiento antes de que definitivamente terminara la violencia. Batasuna, por su parte, ya ha designado a las personas que participarían en esa mesa. Ha sido Josu Jon Imaz quien ha manifestado a los cuatro vientos la necesidad de que las dos mesas de pacificación y normalización sean separadas en el tiempo para no dar a entender que una era continuación de la otra.

No creemos que Imaz hubiera querido dilatar tanto la constitución de la mesa de partidos como el director del diario El Mundo, que pedía no menos de 20 años para poder afrontar con garantías (para él) el futuro de Euskadi. Lo que sí creemos es que las iniciativas y manifestaciones y movimientos de los socialistas vascos y españoles han pillado una y otra vez a contrapié al PNV, que a estas alturas parece haber perdido definitivamente la iniciativa en materia de pacificación y corre serio peligro de ser desbordado también en lo referente a la normalización.

Ha comenzado también esta pasada semana la campaña del Estatut de Catalunya cepillado por el Congreso, que diría Alfonso Guerra o el que ha quedado limpio como la patena en versión de Zapatero. Y ha comenzado con un mitin del máximo dirigente socialista y otro de los tres tenores de Galeuscat a favor del sí. Ya criticaba Carod-Rovira a quienes dicen no querer un Estatut como el catalán para Euskadi pero que lo defienden calurosamente para Catalunya. Y en Catalunya, añadiríamos nosotros con asombro.

Resulta chocante ver a quien previsiblemente va a defender el Plan Ibarretxe en Euskadi defender el sí a la versión demediada del proyecto aprobado en el Parlament catalán. No son pocos los nacionalistas vascos extrañados ante esta contradicción en los términos. Visto lo visto, ¿qué cepillado podría darse por bueno para Euskadi tras una negociación con los demás partidos? Como decía Javier Elzo hace unos días, si comparamos el PNV de Arzalluz con el de Imaz parece que estemos hablando de dos partidos distintos. No es de extrañar que hasta un antinacionalista desorejado como Juan Pablo Fusi alabe el giro de Imaz.

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