El Gobierno urdió campañas para callar a los periodistas que destaparon la trama.

Telemadrid emite esta noche el quinto capítulo de 'Víctimas: la historia de ETA', la serie que produce EL MUNDO TV dedicada al terrorismo. 'La democracia se mancha las manos' cuenta hoy cómo el poder intentó evitar la publicación de aquel crimen de Estado e incluye un cara a cara entre Amedo y la viuda de García Goena.
MADRID.- El GAL, terrorismo de Estado en España (¿o sólo de Gobierno?)... Para Melchor Miralles, «los GAL nacen políticamente en el despacho del presidente del Gobierno Felipe González Márquez.Yo no sé el día, la hora y tal, pero la decisión se toma allí porque es el único despacho en el que se podía tomar esa decisión».

En la historia de ETA y sus víctimas era necesario un capítulo sobre las cloacas del Estado como el que se emite esta noche en Telemadrid (y posteriormente en otras cadenas). El GAL no es un misterio, sino un escándalo. Cuesta levantar las faldas a la verdad, pero una rigurosa investigación periodística, que capitaneó Melchor Miralles en Diario 16, dirigido por Pedro J.Ramírez, desveló la trama del GAL, donde estuvo involucrada toda la cúpula del Ministerio del Interior en el Gobierno de Felipe González.

Esto costó la destitución del director del periódico. La soledad de unos periodistas acosados por el poder político. No hay democracia sin libertad de expresión. Pedro J. Ramírez, Melchor Miralles, Ricardo Arqués... No adularon al poder. Sabían que la verdad es la noticia.

Cuenta Pedro J. Ramírez cómo el 6 de diciembre de 1987, el propio Felipe González le abordó en los pasillos del Congreso con el pretexto de comentar un artículo que el director de Diario 16 había publicado, y le espetó: «Lo que estáis haciendo es horrible.Lo que está publicando Miralles es terrible y equipara la actitud de Diario 16 con la de Egin».

Pero lo que disipa dudas y confirma a Pedro J. que el presidente del Gobierno había impulsado o permitido aquella trama criminal del GAL fue ésta otra frase: «Lo único que tenemos que negociar con ETA es que, si ellos nos dejan de matar a nosotros, nosotros dejaremos de matarlos a ellos».

Los responsables del GAL extendieron desde el poder el paradigma de la manipulación. Repugnaba «la máscara de los hipócritas», gente que usa un barato perfume dialéctico para esfumar el mal olor a cadáveres que ellos mismos revolvieron.

Estos Grupos Antiterroristas de Liberación surgen de las cloacas del poder en 1983. Pensaron que contra el terrorismo de ETA valía todo, pero no se puede luchar contra el terrorismo con terrorismo.«Nosotros encontramos las pruebas. Pusimos el foco en ese rincón, lo iluminamos y los ciudadanos tuvieron conocimiento de causa», asegura Pedro J. Ramírez.

Hace poco publicó en estas páginas Casimiro García-Abadillo la noticia de que Rafael Vera y Félix Hernando serán juzgados por pagar 200 millones de pesetas a Amedo en Suiza. Estos dos sujetos podrían volverse a sentar en el banquillo acusados de malversación continuada de caudales públicos por el llamado caso de los maletines.Una investigación difícil, porque el poder no tenía intención alguna en que se descubriera la verdad. «Desde el Gobierno se hizo una campaña brutal de acoso contra nosotros con injurias, calumnias, desprestigio profesional y personal», cuenta en este capítulo Melchor Miralles.

Las presiones políticas llevaron al editor Juan Tomás de Salas a despedir a Pedro J. Ramírez como director de Diario 16. Estos periodistas no reclaman el título de héroes ni mártires. Nos consta que fueron los que investigaron con más ahínco la trama del GAL desde las páginas de Diario 16. Vivieron su profesión en el corazón del miedo, en el paisaje del terror, pero esos heraldos de la muerte nunca les prohibieron pisar el césped de la información.

La víctima y el verdugo

«Me han querido asesinar en distintas ocasiones y no lo han conseguido.¿Qué quiere usted, que yo voy a sufrir porque maten a un etarra? ¿Para qué está el champán? Pues para celebrar cuando pasan estas cosas». Así se expresa José Amedo, subcomisario de Policía imbricado hasta las cachas en la trama del GAL y autor de la frase «yo no he salido del vientre de mi madre, sino de los cojones de mi padre».

Más que en las alcantarillas, se hizo en los despachos del poder político, con ayuda de gente sin escrúpulos. «A los miembros de las Fuerzas de Seguridad del Estado que caían permanentemente abatidas por ETA [los asesinatos del GAL] nos hacían sentirnos mucho mejor; nos confortaba que ellos probasen su propia medicina», cuenta Amedo, masticando chulería de matón.

Así opina de él Laura Martín, viuda de Juan Carlos García Goena, última víctima del GAL, asesinado en Hendaya el 24 de julio de 1987: «Le odié muchísimo. Además, disfrutaba pensando en que un día llegaría a pegarle un tiro. ¿Qué cuál es la opinión que tengo hoy de él? No siento nada. Simplemente, quisiera que me contara lo que ocurrió sobre la muerte de mi marido».

Y José Amedo, en un cara a cara que mantiene con Laura en este capítulo de la serie, contesta con una mirada que proyecta balas: «Yo no tengo nada que ver en ese asunto. Fue algún mercenario que quiso cobrar un dinero. Eso es lo que yo he oído. Yo nunca tuve conocimiento de que su marido tuviese conexión alguna con ETA».

García Goena era un pacifista convencido que había huido de su Tolosa natal a Hendaya para no cumplir el servicio militar.

Del tiro en la nuca a la bomba en el hotel

Este capítulo también aborda el caso de Alberto Martín Barrios.Este capitán de Farmacia del Ejército de Tierra estuvo cautivo durantes 14 días, pero el fatídico 19 de octubre 1983 apareció asesinado. Los mafiosos de ETA exigieron, tras su secuestro, que TVE leyera un comunicado sobre el juicio contra los terroristas que asaltaron el cuartel del Batallón de Montaña Cataluña 4, en Berga (Lérida). Cinco etarras habían intentado entrar, vestidos de uniforme, para robar armamento.

Se accedió, por humanidad, a leer el panfleto chantajista una vez liberado Martín Barrios, pero le dieron un cobarde tiro en la nuca.

En pleno secuestro de este militar, se produjo la desaparición de los presuntos etarras Lasa y Zabala. Era el principio del GAL.

El 18 de octubre de 1983, en un monte próximo a Galdakano, apareció el cadáver de Martín Barrios. «Le matamos con su propio revólver después de obligarle a arrodillarse y agachar la cabeza. El cuerpo sin vida resbaló por una pared y, ya en el suelo, uno de nosotros le quitó las esposas con las que le habíamos maniatado y las gafas de baño con cristales oscurecidos con las que le habíamos trasladado para que no pudiera identificar nuestros movimientos».Así relataba el vil crimen Armando Vélez Cendoya, miembro del comando que asesinó al militar, detenido cuatro meses después del hecho.

Luego vendrían secuestros como el de Segundo Marey o bombas como la del Hotel Monbar, donde se produjo el atentado más sangriento de los GAL.

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