EN los mítines del fin de semana quedó reflejada la ruptura del Gobierno y el principal partido de la oposición sobre el llamado proceso de paz. Rajoy dice que Zapatero prefiere entenderse con Batasuna a hacerlo con el PP, mientras que el presidente resalta la valentía de los socialistas vascos al hacer esfuerzos por acabar con la violencia. Es cierto que los principales dirigentes del socialismo vasco -Patxi López, Pastor, Eguiguren- van en vanguardia de ese proceso, pero también hay otro socialistas vascos conocidos por todos -Rosa Díez, Redondo Terreros, Maite Pagaza- que defienden la suspensión de la vía de entendimiento con Batasuna y las negociaciones con ETA. Lo que ocurre es que el Gobierno no quiere ni oír hablar de lo que opinan esos últimos dirigentes citados, porque hace años que su estrategia para el País Vasco pasa por sortear la división entre los partidos constitucionalistas y los nacionalistas para propiciar algún tipo de alianza entre los dos bloques, aunque sea bajo la hegemonía del nacionalismo.

Poco ha durado la entente entre el PSOE y el PP. Apenas un par de meses. La hipótesis de un acuerdo estable entre ambos grupos para llevar a feliz término las negociaciones con ETA tenía muy pocas probabilidades de prosperar. El PP recelaba del provecho electoral que podría sacar el PSOE del llamado proceso de paz y el PSOE necesitaba las manos libres para negociar con ETA y Batasuna en los términos que considere más oportunos sin tener que compartir la estrategia con el PP. Hace año y medio, en enero de 2005, Zapatero y Rajoy hicieron un intento de entendimiento para consensuar el modelo territorial, a instancias del jefe del Estado, que propició un encuentro discreto con ambos en el Palacio de la Zarzuela. Unas semanas más tarde, el entendimiento saltó por los aires porque no se pusieron de acuerdo en el rango de las delegaciones que debían enviar ambos partidos a la negociación. Una burda disculpa. No creo que haya más intentos de acercamiento en lo que queda de legislatura.

Álvaro Cuesta dijo, ayer, que a los socialistas no les importaría perder las elecciones si logran la consecución de la paz. Es justo al revés: el proceso de paz depende de los 'test' en las urnas. El día 18 será el primero.