¿Debe repetir mandato Maragall?, de José Luis López Bulla en El Mundo de Cataluña
Los socialistas catalanes hacen bien en no plantear ahora mismo quién será su cabeza de cartel en las próximas elecciones autonómicas.Desde luego, políticamente es una decisión prudente. Ahora bien, desde fuera de la política orgánica nada impide que una cuestión tan sensible pueda y deba ser abordada sabiendo que, en última instancia, el asunto está en manos del partido socialista. Digo que nada lo impide porque al electorado de izquierdas y progresista no le es irrelevante quién puede estar razonablemente en mejores condiciones para presidir la Generalitat de Cataluña. Abordaré, pues, la cuestión sin ningún tipo de melindres. Pienso que Pasqual Maragall ha cubierto una etapa de su vida política. De un lado, las realizaciones que protagonizó como alcalde de Barcelona y, de otra parte, la reorientación del Estatut de autonomía, avalan una trayectoria que, sin entrar en detalles, es brillante. Más vale hacer ahora este reconocimiento como sobria anticipación de lo que, dentro de algunos años, casi todo el mundo afirmará, con perdón, a toro pasado. Ahora bien, el liderazgo político-institucional se mide sobre todo por la actividad cotidiana y las expectativas de futuro. Y es, desde esa perspectiva, donde se quiere enfilar la guía del país.
Pasqual Maragall no debería repetir. Estas son mis razones: 1) porque un no irrelevante sector de sus votantes no ha visto que gestionara los grandes movimientos con la suficiente agilidad política; 2) porque es visible la grieta que ha ido abriendo en las formaciones de izquierda; y 3) porque ha sido una fuente de conflictos, algunos de ellos inútiles, con José Luis Rodríguez Zapatero. Decir estas cosas por escrito, puede resultar fastidioso.Pero, no por ello, deja de cuchichearse por algunos, o afirmados en alta voz, en cenáculos y tabernas. Con un cierto descaro por mi parte podría añadir que algunos de estos elementos, de repetir Maragall, corren el riesgo de perpetuarse en la próxima legislatura.Lo que no se formula como certeza sino en clave de hipótesis, fundada en los acontecimientos que han presidido algunas de las situaciones más llamativas de la gestión de Pasqual Maragall.Por otra parte, no creo que los socialistas catalanes tengan las cosas excesivamente complicadas. Incluso, aunque repitiera Maragall: el efecto inercial es más fuerte de lo que parece y, en no pocas ocasiones, ha desmentido determinadas profecías agoreras. Y si finalmente se opta por otro candidato, recuerde el seso dormido que el peso colectivo de una organización política (la que sea) tiene más diapasón y enjundia de lo que algunos analistas difunden o propalan. Sea como fuere, tras la aprobación del nuevo texto estatutario debería aclararse la cuestión. Porque ninguna organización política debe mantener de manera imprudente una indefinición sobre tan señalado asunto. Y, peor aun, en la improvisación.
Queda una ulterior reflexión: Pasqual Maragall no ha sido un presidente de transición. En su haber está el coraje de haber planteado la novación del Estatut de autonomía. Jordi Pujol pudo haberlo hecho y ni siquiera lo intentó. De donde saco la siguiente conclusión: cuando te niegas tantas veces a hacerlo, ya no se trata de un error sino de una opción claramente explicitada.En suma, el presidente Maragall, repita o no, ha puesto las bases (ciertamente con el conjunto de los líderes políticos catalanes responsables) de la próxima ordenación jurídico-institucional catalana. De manera que, sólo por eso, puede salir por la puerta grande.
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