Puede que la moda televisiva y contemporánea de encerrar a unos cuantos humanos bajo la mirada del «Gran hermano» o en «La casa de tu vida» o en «La cocina del infierno» o por ahí seguido esté restando dramatismo a cualquier encierro real, el de los trabajadores gijoneses de Izar, por ejemplo.

Si entrevistáramos a cualquier comunicólogo o semiólogo u oráculo semejante, probablemente nos diría que tal encierro es inútil mientras no se metan las cámaras en el lugar del recogimiento, y mientras no exista un canal televisivo -entre las decenas de ellos que se van creando- que retransmita en directo la peripecia de los encerrados.

Imagínense ustedes el potencial dramático de aquel encierro que hubo hace años en la torre de la catedral de Oviedo, con secuencias tan intensas como la dificultad para aliviar aguas menores o mayores, y la consiguiente afección sobre esa soberbia pieza gótica, «poema romántico de piedra», como decía Clarín. Ítem más. Otra escena de gran tensión televisiva hubiera sido aquella en la que los encerrados trataban de colgar grandes pancartas de las piedras catedralicias, pero resultaba que se les desmoronaba la torre, de manera que muy cuidadosamente algunos de aquellos trabajadores alertaron a los canónigos de que el poema gótico se caía a pedazos. Como consecuencia de aquello, la restauración de la torre fue una necesidad urgente que hoy hace lucir el primer templo asturiano. Pero dejémonos de consideraciones mediáticas y vayamos al caso presente. Pues sí: hay un encierro en Gijón, y dentro de un buque en astillero, circunstancia que no se veía desde hace décadas. Desde aquí apoyamos el pulso de los trabajadores que, aun recibiendo la garantía de que en diez años serán recolocados -si el astillero reduce plantilla-, han decidido meterse dentro del barco «Juan de la Cosa» hasta que la SEPI cumpla sus compromisos y hasta que UGT deje de ser acólito de la SEPI.

Los encerrados piden futuro del sector naval. Su prejubilación podrá estar resuelta, pero ¿dónde trabajarán sus hijos? ¿Adónde irán los hijos caldereros y electricistas y mecánicos que la ciudad sabe formar tan bien desde siempre? Aun sin cámaras, seguimos de cerca a los encerrados.