Ahora el conflicto catalán es con Iberia... Ose recrudece, pues ya lo fue cuando la compañía era pública y parece serlo aún más al ser privatizada. Pero, ¿podemos quejarnos si una empresa está por la rentabilidad, mientras deseamos su concurso para funcionar económicamente mejor? A la par, estamos por la deslocalización de empresas en aras de su viabilidad, mientras nos desmelenamos ante las multinacionales que se nos deslocalizan... Y cuando ayer celebrábamos que Iberia trajera a El Prat sus vuelos de bajo coste, ¿ignorábamos que la gama alta corría peligro? Mientras, exigimos que la Generalitat asuma el aeropuerto o que se privatice, pero el Estado se niega aunque hable de vagos remedios, como hace con Iberia. Y El Prat, ¿permite una gigantesca operación económica como la que ha desembocado en el nuevo aeropuerto de Madrid? Si es así, ¿podría la Generalitat emprenderla, sabría manejarla? Y no digo esto en vano, resulta difícil calibrar nuestra capacidad de gestión, el Govern no da muestras de especial eficacia, ni siquiera de sensibilidad, frente a demasiados altibajos que se presentan, desde el Carmel hasta la ola de robos pasando por la proyección cultural. Por lo demás, es cierto que el Estado, que fue eficacísimo llevando el AVE a Sevilla, se demora en velocidad, tiempo y calidad cuando se trata de Catalunya. Como ocurre con tantas infraestructuras catalanas, comenzando por las autopistas de peaje y acabando en los puertos, mantenido todo por el Estado a la baja o centralizado, en paralelo a que Madrid es potenciada al máximo. Oque diversas autonomías reciben un dineral sin que despeguen, aparte en el consumo, como puede ser Extremadura. Lo cual culmina en esta financiación tan negativa para Catalunya y a la que el Estado nos somete, aunque no constituye una falacia que si la balanza fiscal nos castiga la comercial nos supone el mayor fundamento para el desarrollo. Ysi es evidente que la opa de Endesa ha levantado la hostilidad anticatalana, no callemos que elSabadell ha absorbido con suavidad el Atlántico o el Urquijo... Muy complejo.El Estatut, ¿puede paliar - ni digo solucionar- esta situación o ya la agrava? Y no sólo por lo que nos habrá recortado Madrid, sino por una serie de encendidos planteamientos sin finalidad práctica que hemos hecho. No nos entendemos con el Estado o España no se entiende con nosotros, pero en la misma Catalunya la política, la empresa, la cultura, la ciudadanía, no corremos al alimón sino a destiempo o a la greña. Para ensayar un gran salto carecemos de una idea común y evidente, de un liderazgo, que nos conjugue a todos. Pero sólo vamos barajando.